Capítulo 20

La Reforma

        A pesar de toda la persecución y la condenación a muerte de los santos, se levantaban por doquiera testigos vivos de la verdad. Los ángeles de Dios estaban haciendo la obra que se les había confiado. Por los lugares más oscuros estaban buscando y seleccionando de entre las tinieblas a hombres honestos de corazón. Estaban sumidos en el error, pero Dios los había escogido como lo hizo con Saulo, para ser mensajeros que llevaran su verdad y alzaran sus voces en contra de los pecados de su profeso pueblo. Los ángeles de Dios movieron el corazón de Martín Lutero, Melancthon y de otros en diferentes lugares, para despertar en ellos la sed por el testimonio viviente de la Palabra de Dios. El enemigo había venido como un torrente, y el estandarte debía ser levantado contra él. Lutero fue escogido para enfrentar la tormenta, para estar en pie en contra de la ira de una iglesia caída, y a fin de fortalecer a los pocos que eran fieles a su santa creencia religiosa. Siempre sentía temor de ofender a Dios. Trató de obtener su favor a través de las obras; pero no se contentó hasta que un rayo de luz del cielo quitó la oscuridad de su mente, y lo guió a confiar, no en las obras, sino en los méritos de la sangre de Cristo, y a ir a Dios por sí mismo, no a través de los papas ni de los confesores sino por medio de JesuCristo solamente. ¡Oh, cuán precioso fue ese conocimiento para Lutero! Estimó esta nueva y preciosa luz que se había encendido en su oscuro entendimiento y había desvanecido su superstición, más que el mayor tesoro de la tierra. La Palabra de Dios era nueva. Todo estaba cambiado. El libro que había temido porque no podía ver belleza en él, era vida para él. Era su gozo, su consolación, su bendito maestro. Nada podía inducirlo a dejar su estudio. Había temido a la muerte; pero al leer la palabra de Dios, todos sus terrores desaparecieron y admíró el carácter de Dios, y lo amó. Escudriñó la Palabra de Dios por sí mismo. Se deleitó en los ricos tesoros contenidos en ella, y entonces la escudriñó para la iglesia. Estaba disgustado con los pecados de aquellos en quienes había confiado para obtener la salvación. Vio a muchos envueltos en la misma oscuridad que lo había ocultado a él. Ansiosamente buscó una oportunidad de mostrarles al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Alzó su voz en contra de los errores y pecados de la iglesia papal y ardientemente deseó romper la cadena de oscuridad que confinaba a miles y los hacía confiar en las obras para su salvación. Ansiaba poder ser capaz de abrir ante sus mentes las ricas verdades de la gracia de Dios y la excelencia de la salvación obtenida a través de JesuCristo. Alzó su voz celosamente, y en el poder del Espíritu Santo, clamó en contra de los pecados existentes en los líderes de la iglesia; y al enfrentar la tormenta de la oposición proveniente de los sacerdotes, su valor no flaqueó, porque firmemente contaba con el brazo poderoso de Dios, y confiadamente esperaba en él para lograr la victoria. A medida que él proseguía la batalla, la ira de los sacerdotes se encendió en contra suya. No deseaban reformarse. Escogieron ser dejados en la comodidad, entregados al placer disoluto, y en la impiedad. Deseaban que la iglesia permaneciera en las tinieblas.

        Vi que Lutero era ardiente y celoso, valiente y audaz al reprobar el pecado, y al defender la verdad. No temía a los demonios ni a los hombres impíos. Sabía que tenía Uno a su lado más poderoso que todos ellos. Lutero poseía fuego, celo, valor y osadía, y a veces se arriesgaba demasiado; pero Dios levantó a Melancthon cuyo carácter era completamente opuesto al de Lutero para que lo ayudara en la obra de la reforma. Melancthon era tímido, temeroso, prudente y poseía una gran paciencia. Dios le amaba grandemente. Tenía gran conocimiento de las Escrituras, y su discernimiento y sabiduría eran excelentes. Su amor por la causa de Dios era igual que el de Lutero. El Señor unió esos corazones; eran amigos que nunca se separarían. Lutero fue una gran ayuda para Melancthon cuando él estaba en peligro de ser temeroso y lento, y fue también una gran ayuda para Lutero a fin de impedirle que se moviera muy rápido. A menudo Melancthon con su prudencia previsora, evitaba problemas que hubiesen sobrevenido a la causa, si la obra hubiese sido dejada solamente a Lutero; y con frecuencia la obra no hubiese podido ser impulsada hacia adelante si se le hubiese dejado solamente a Melanchton. Se me mostró la sabiduría de Dios en escoger a esos dos hombres, de caracteres tan diferentes, para llevar adelante la obra de la Reforma.

        Fui llevada entonces hacia los días de los apóstoles, y vi que Dios escogió como compañeros al ardiente y celoso Pedro y al manso, sumiso y paciente Juan. Algunas veces, Pedro era impetuoso. Y el discípulo amado a menudo detenía a Pedro, cuando su celo y ardor lo llevaban muy lejos, pero eso no lo reformaba. No obstante, después que Pedro hubo negado al Señor, y se hubo arrepentido, y convertido, todo lo que necesitaba era una suave advertencia de Juan para dominar su ardor y su celo. La causa de Cristo a menudo hubiera sufrido si se la hubiese confiado solamente a Juan. Se necesitaba el ardor de Pedro. Su audacia y energía a menudo los libraron de dificultades y silenciaron a sus enemigos. Juan era de un carácter agradable. Ganó a muchos para la causa de Cristo mediante su paciente benevolencia y profunda devoción.

        Dios levantó hombres para que clamaran en contra de los pecados de la iglesia papal, y llevaran hacia adelante la Reforma. Satanás trató de destruir estos testigos vivientes; pero Dios puso un cerco alrededor de ellos. Se permitió que, para la gloria de su nombre, algunos sellaran con su sangre el testimonio que habían llevado; pero hubo otros hombres valerosos como Lutero y Melancthon, quienes glorificaron mejor a Dios viviendo, y clamando a voz en cuello en contra de los pecados de los papas, sacerdotes y reyes. Éstos temblaron ante la voz de Lutero. A través de esos hombres escogidos, rayos de luz comenzaron a disipar la oscuridad; y muchos recibieron la luz gozosamente y anduvieron en ella. Y cuando un testigo era muerto, dos o mas surgían para ocupar su lugar.

        Pero Satanás no estaba satisfecho. Él sólo podía tener poder sobre el cuerpo. No podía hacer que los creyentes renunciaran a su fe y esperanza. Y aun en la muerte, triunfaban al sostener una brillante esperanza de inmortalidad a la resurrección de los justos. Tenían una energía que iba más allá de una fortaleza mortal. No se atrevían a dormir por un momento. Mantenían su armadura ceñida a su alrededor, preparados para el conflicto, no simplemente con enemigos espirituales sino con Satanás, en la forma de hombres, cuyo constante clamor era: Renuncien a su fe o mueran. Esos pocos cristianos hallaban su fortaleza en Dios, y eran más preciosos a su vista que la mitad del mundo que llevaba el nombre de Cristo, y no obstante eran cobardes en lo que concernía a su causa. Mientras la iglesia era perseguida, estaban unidos y se amaban unos a otros. Eran fuertes en Dios. No se permitía que los pecadores se unieran a ella; ni el engañador ni el engañado. Sólo aquellos que estaban dispuestos a renunciar a todo por Cristo podían ser sus discípulos. Amaban ser pobres, humildes y semejantes a Cristo.

Favor hacer referencia a: Lucas 22:61-62; Juan 18:10; Hechos capítulo 3-4.
Favor hacer referencia a enciclopedia: "La Reforma".

Vuelva al Índice



Capítulo 21

La Unión del Mundo y de la Iglesia

        Entonces Satanás consultó con sus ángeles para considerar lo que habían ganado. Era cierto que habían logrado que algunas almas tímidas, por temor a la muerte, no abrazaran la verdad, pero muchos, aun de los más tímidos, recibieron la verdad e inmediatamente sus temores y timidez se desvanecieron. Al presenciar la muerte de sus hermanos y ver su firmeza y paciencia, comprendieron que Dios y los ángeles les ayudarían a soportar tantos sufrimientos; perdieron el temor y se volvieron valerosos y resueltos. Y cuando se les llamó a dar sus propias vidas mantuvieron su fe con tal paciencia y firmeza que hicieron temblar a sus homicidas. Satanás y sus ángeles vieron que había una manera más exitosa de destruir almas y que al final daría resultados más seguros. Vieron que a pesar de que habían ocasionado sufrimientos a los cristianos, su firmeza y la brillante esperanza que los animaba fortalecían al más débil y los habilitaban para sufrir la tortura y las llamas sin acobardarse. Imitaban el noble proceder de Cristo ante sus verdugos, y muchos fueron convencidos de la verdad por el testimonio de su constancia y de la gloria de Dios que los rodeaba. Satanás decidió que debía acercarse en una forma más suave. Había corrompido las doctrinas de la Biblia; y las tradiciones que arruinarían a millones estaban arraigándose profundamente. Refrenando su odio decidió no urgir a sus vasallos a una persecución tan amarga, sino que dirigieran a la iglesia a contender sobre varias tradiciones y no por la fe que una vez fue dada a los santos. Al inducir a la iglesia a recibir favores y honores del mundo bajo la falsa pretensión de que serían beneficiados, ésta comenzó a perder el favor de Dios. Gradualmente perdió su poder, al rehuir declarar las auténticas verdades que eliminaban a los amadores del placer y a los amigos del mundo.

        La iglesia ya no es el pueblo separado y peculiar que era cuando los fuegos de la persecución estaban encendidos en contra de ella. ¿Cómo se opaca el oro? ¿Cómo se transforma el oro más fino? Vi que si la iglesia siempre hubiera retenido su carácter santo y peculiar, el poder del Espíritu Santo, que fue impartido a los discípulos estaría con ella. Los enfermos serían sanados, los demonios serían reprendidos y sacados, y sería poderosa y un terror para sus enemigos.

        Vi que una compañía muy numerosa profesaba el nombre de Cristo pero que Dios no los reconocía como suyos. Él no se complacía en ellos. Satanás parecía asumir un carácter religioso, y estaba muy deseoso de que el pueblo pensara que eran cristianos. Estaba muy dispuesto a que creyeran en Jesús, en su crucifixión, y en su resurrección. Satanás y sus ángeles plenamente creen todo eso ellos mismos, y tiemblan. Pero si esa fe no produce buenas obras y conduce a los que la profesan a imitar la vida abnegada de Cristo, no se siente perturbado; porque ellos solamente asumen el nombre de cristianos, mientras que sus corazones son todavía carnales; él los puede usar en su servicio mucho mejor que si no hubieran hecho ninguna profesión de fe. Bajo el nombre de cristianos ocultan su deformidad. Pasan por la vida con su naturaleza no santificada y sus malas pasiones no refrenadas. Esto da ocasión a que el incrédulo le eche en cara a JesuCristo las imperfecciones de ellos, trayendo oprobio, y haciendo que los que poseen una religión pura y sin mancha sean desacreditados.

        Los ministros predican cosas halagüeñas que satisfacen a los profesos cristianos carnales. Esto es justamente lo que Satanás quiere. No se atreven a predicar a Jesús y las verdades penetrantes de la Biblia, porque si lo hicieran esos profesos cristianos carnales no las escucharían. Muchos son ricos, y deben ser retenidos en la iglesia, a pesar de que no están más capacitados para estar ahí que Satanás y sus ángeles. Se hace aparecer la religión de Jesús como popular y honorable a los ojos del mundo. Se dice a la gente que los que profesan una religión serán más honrados por el mundo. Esas enseñanzas difieren grandemente de las de Cristo. Su doctrina y el mundo no podían convivir en paz. Aquellos que lo seguían tenían que renunciar al mundo. Esas cosas halagüeñas se originaron con Satanás y sus ángeles. Ellos idearon el plan, y los cristianos nominales lo han ejecutado. Hipócritas y pecadores se unen a la iglesia. Se enseñan fábulas halagüeñas y éstas son recibidas fácilmente. Pero si la verdad fuera predicada en su pureza, pronto los hipócritas y pecadores serían eliminados. Pero no hay diferencia entre los profesos seguidores de Cristo y el mundo. Vi que si la falsa cubierta fuese arrancada de los miembros de las iglesias, se revelaría una iniquidad, una vileza y una corrupción tales, que el más tibio hijo de Dios no vacilaría en llamarlos por su verdadero nombre: 'hijos de su Padre, el diablo'; porque realizan sus obras. Jesús y toda la hueste angélica miraban la escena con disgusto; sin embargo, Dios tenía un mensaje para la iglesia que era sagrado e importante. Si éste era recibido, habría una completa reforma en ella, reviviría el testimonio viviente que expulsaría a los hipócritas y pecadores, y restauraría a la iglesia nuevamente al favor de Dios.

Favor hacer referencia a: Isaías 30:8-21; Santiago 2:19; Apocalipsis capítulo 3.

Vuelva al Índice



Capítulo 22

Guillermo Miller

        Vi que Dios envió su ángel para que moviera el corazón de un granjero que no creía en la Biblia, y lo guiara a escudriñar las profecías. Los ángeles de Dios visitaron repetidamente a ese varón escogido, guiaron su mente para que su entendimiento fuera abierto a la comprensión de profecías que siempre habían estado veladas al pueblo de Dios. Se le dio el comienzo del primer eslabón de la cadena de verdades y fue guiado a buscar un eslabón tras otro, hasta que contempló la sagrada palabra de Dios con admiración y asombro. Allí vio una perfecta cadena de verdades. Esa Palabra que él había considerado sin inspiración, fue abierta entonces a su visión en toda su belleza y gloria. Se dio cuenta de que una porción de la Escritura explicaba otra, y cuando una porción estaba cerrada a su comprensión, encontraba en otra parte de la Palabra la explicación a ésta. Consideró la sagrada palabra de Dios con gozo, y con el más profundo respeto y admiración.

        A medida que continuó siguiendo el curso de las profecías, se dio cuenta de que los habitantes de la tierra estaban viviendo durante las escenas finales de la historia de este mundo y no lo sabían. Contempló la corrupción de las iglesias y vio que su amor se había apartado de Jesús para ser puesto en el mundo, y estaban procurando obtener honor mundanal en vez de aquel honor que proviene de lo alto; codiciosos de riquezas mundanas, en lugar de acumular su tesoro en el cielo. La hipocresía, las tinieblas y la muerte podían ser vistas por doquiera. Su espíritu se conmovió dentro de sí mismo. Dios lo llamó para que abandonara su granja, al igual que Eliseo fue llamado a dejar sus bueyes y el campo de labranza y siguiera a Elías. Tembloroso, Guillermo Miller comenzó a declarar ante la gente los misterios del reino de Dios. Con cada esfuerzo que hacía iba fortaleciéndose. Mediante la explicación de las profecías llevó a la gente hasta el segundo advenimiento de Cristo. Así como Juan el Bautista anunció el primer advenimiento de Jesús, y preparó el camino para su venida, de igual manera Guillermo Miller y los que se le habían unido, proclamaron el segundo advenimiento del Hijo de Dios.

        Fui transportada a los días de los discípulos y se me mostró al amado Juan a quien Dios había confiado una obra especial. Satanás estaba determinado a impedir esta obra e indujo a sus siervos a que destruyeran a Juan. Pero Dios envió su ángel quien lo libró en forma maravillosa. Todos los que fueron testigos del gran poder de Dios manifestado en la liberación de Juan, quedaron atónitos, y muchos quedaron convencidos de que Dios estaba con él, y que era verdadero el testimonio que daba con respecto a Jesús. Los que procuraban matarle se sintieron amedrentados de atentar nuevamente contra su vida, y le fue permitido continuar sufriendo por Jesús. Fue acusado falsamente por sus enemigos, y poco tiempo después fue desterrado a una isla solitaria, adonde el Señor envió su ángel para que le revelara las cosas que iban a tener lugar sobre la tierra, y la condición de la iglesia hasta el fin; su apostasía, y la posición que habría ocupado si hubiera obedecido a Dios y finalmente hubiera vencido. El ángel que vino desde el cielo se acercó a Juan revestido de majestad. Su rostro relucía con la gloria excelsa del cielo. Reveló a Juan escenas de profundo y emocionante interés con respecto a la iglesia de Dios, y trajo ante él los peligrosos conflictos que habían de enfrentar. Juan los vio pasar por terribles pruebas, y ser emblanquecidos y examinados, finalmente, los vio como victoriosos vencedores, salvados gloriosamente en el reino de Dios. El rostro del ángel se volvió radiante de gozo, y lucía extraordinariamente glorioso mientras le mostraba a Juan el triunfo final de la iglesia de Dios. Juan estaba arrobado al comtemplar la última liberación de la iglesia, mientras se llenaba de emoción con la gloria de la escena, con profunda reverencia y admiración se postró a los pies del ángel para adorarlo. Inmediatamente, el ángel lo levantó, y lo reprendió tiernamente, diciendo: "Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía." Entonces, el ángel le mostró a Juan la ciudad celestial con todo su esplendor y refulgente gloria. Juan estaba arrobado y sobrecogido con la gloria de la ciudad. No recordó la previa recriminación del ángel sino que se postró nuevamente para adorar ante los pies del ángel quien le dio otra vez una tierna reconvención: "Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios."

        Los predicadores y el pueblo han considerado misterioso al libro de Apocalipsis, y de menor importancia que otras porciones de las Sagradas Escrituras. Pero vi que ese libro es ciertamente una revelación dada para el beneficio especial de aquellos que habían de vivir en los últimos días, para guiarlos a discernir su verdadera posición y su deber. Dios dirigió la mente de Guillermo Miller hacia las profecías, y le dio gran luz sobre el libro de Apocalipsis.

        Si las visiones de Daniel hubiesen sido comprendidas, la gente habría entendido mejor las visiones de Juan. Pero a su debido tiempo, Dios obró sobre su siervo escogido, quien abrió las profecías con claridad y con el poder del Espíritu Santo, y mostró la armonía entre las visiones de Daniel y de Juan, así como con otras porciones de la Biblia, e inculcó en los corazones de la gente las sagradas y temibles advertencias de la Palabra para que se prepararan para la venida del Hijo del hombre. Una convicción profunda y solemne se apoderó de la mente de los que lo escucharon, y los ministros, el pueblo, los pecadores y los incrédulos, se volvieron hacia el Señor, buscando una preparación para estar en pie en el juicio.

        Ángeles de Dios acompañaron a Guillermo Miller en su misión. Él era firme e intrépido. Audazmente proclamaba el mensaje que se le había confiado. Un mundo sumido en la impiedad, y una iglesia fría y mundana eran suficientes para llamar a la acción todas sus energías y para conducirlo a soportar voluntariamente toda clase de penurias, privaciones y sufrimientos. Aunque sufriendo oposición de parte de los profesos cristianos y del mundo, y atacado por Satanás y por sus ángeles, él no cesó de predicar el Evangelio eterno a multitudes doquiera se lo invitaba, y de pregonar el clamor: "Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado."

Favor hacer referencia a: 1Reyes 19:16-21; Daniel capítulo 7-12; Apocalipsis capítulo 1, 14:7, 19:8-10, 22:6-10.

Vuelva al Índice



Capítulo 23

El Mensaje del Primer Ángel

        Vi que Dios se encontraba en la proclamación del tiempo en el 1843. Era su propósito despertar a la gente, y llevarla a un punto crucial donde habrían de decidir. Algunos ministros se convencieron y sintieron la convicción de la exactitud de las posturas tomadas acerca de los períodos proféticos y abandonaron su orgullo, sus salarios, y sus iglesias para ir de lugar en lugar a proclamar el mensaje. Pero como el mensaje proveniente del cielo pudo encontrar lugar solamente en los corazones de unos pocos de los profesos ministros de Cristo, la obra fue colocada sobre muchos que no eran predicadores. Algunos abandonaron sus campos para proclamar el mensaje, mientras que otros fueron llamados a dejar sus tiendas y su mercancía. Y aun algunos hombres profesionales fueron compelidos a abandonar sus profesiones y a envolverse en la obra impopular de dar el mensaje del primer ángel. Hubo ministros que desechando sus opiniones y sentimientos sectarios, se unieron para proclamar la venida de Jesús. La gente fue movida doquiera el mensaje la alcanzaba. Los pecadores se arrepentían, lloraban y oraban suplicando perdón, y aquellos cuyas vidas habían estado marcadas por la deshonestidad, estaban ansiosos por hacer restitución.

        Los padres sentían la más profunda solicitud por sus hijos. Los que recibían el mensaje, laboraban con sus amigos y parientes no convertidos, teniendo sus almas cargadas con el peso del solemne mensaje, los amonestaban y exhortaban a que se prepararan para la venida del Hijo del hombre. Hubo casos de personas muy endurecidas que no querían ceder ante el peso de tanta evidencia impartida por advertencias tan sinceras. Esa obra purificadora del alma condujo a separar los afectos de las cosas mundanas, y fue dirigida hacia una consagración que nunca se había experimentado. Millares fueron guiados a aceptar la verdad predicada por Guillermo Miller, y siervos de Dios fueron levantados en el espíritu y poder de Elías para proclamar el mensaje. Los que predicaban ese solemne mensaje, como Juan, el precursor de Jesús, se sintieron compelidos a colocar la segur a la raíz del árbol, y a exhortar a los hombres a que diesen frutos dignos de arrepentimiento. Su testimonio propendía a despertar y a afectar poderosamente a las iglesias, y a manifestar su verdadero carácter. Y a medida que elevaban la solemne amonestación de que huyeran de la ira venidera, muchos que estaban unidos a las iglesias, aceptaron el mensaje sanador; vieron sus apostasías, y, con amargas lágrimas de arrepentimiento, y profunda agonía de alma, se humillaron ante Dios. Y cuando el Espíritu de Dios reposó sobre ellos, ayudaron a difundir el clamor: "Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado".

        La predicación de una fecha definida provocó una gran oposición de parte de todas las clases, desde el ministro en el púlpito, hasta el pecador más empedernido y audaz. Se oyó decir tanto al ministro hipócrita como al atrevido burlador: El día y la hora nadie sabe. Ninguno de ellos deseaba ser corregido o enseñado en cuanto al uso del texto, por quienes señalaban el año en el cual creían que los períodos proféticos terminaban y llamaban la atención a las señales que indicaban que la venida de Cristo estaba cerca, a las puertas. Muchos pastores del rebaño que profesaban amar a Jesús, dijeron que no se oponían a la predicación de la venida de Cristo; sino a que se fijara una fecha para esa venida. Pero el omnisciente ojo de Dios leía sus corazones. No deseaban que Jesús estuviera cerca. Sabían que sus vidas profanas no soportarían la prueba; porque no andaban por la humilde senda que Jesús había trazado. Esos falsos pastores se interpusieron en el camino de la obra de Dios. La verdad, predicada con su poder convincente despertó a la gente y al igual que el carcelero, comenzó a preguntar: ¿Qué debo hacer para ser salvo? Pero esos pastores se interpusieron entre la verdad y el pueblo predicando cosas halagüeñas, para apartarlos de la verdad. Se unieron con Satanás y sus ángeles, y clamaron: Paz, paz, cuando no había paz. Vi que ángeles de Dios habían registrado todo, y que las vestiduras de esos pastoreo faltos de consagración estaban cubiertas con la sangre de las almas. Los que amaban su comodidad y se sentían contentos lejos de Dios, no quisieron ser despertados de su seguridad carnal.

        Muchos ministros no quisieron aceptar este mensaje salvador, y estorbaron a quienes lo hubieran recibido. La sangre de las almas está sobre ellos. Los predicadores y la gente se unieron en oposición a este mensaje del cielo. Persiguieron a Guillermo Miller y a los que estaban unidos a él en la obra. Hicieron circular calumnias para perjudicar su influencia y en diferentes ocasiones, después de declarar Miller el consejo de Dios, y aplicar verdades profundas al corazón de sus oyentes, se encendía una violenta cólera en contra de él y al salir del lugar de las reuniones algunos le acechaban para quitarle la vida. Pero ángeles de Dios fueron enviados para preservar su vida, y lo alejaron de la enfurecida turba. Su obra aún no había terminado.

        Los más devotos recibían gozosamente el mensaje. Sabían que éste procedía de Dios y que había sido dado en el tiempo oportuno. Ángeles observaban con el más profundo interés el resultado del mensaje celestial, y cuando las iglesias se apartaban de él y lo rechazaban, ellos con tristeza consultaban con Jesús. Él apartaba su rostro de las iglesias, y ordenaba a sus ángeles que velasen fielmente sobre las preciosas almas que no habían rechazado el testimonio, porque otra luz estaba aún por brillar.

        Vi que si los profesos cristianos hubiesen amado la aparición de su Salvador, si sus afectos hubiesen sido colocados en él, si hubieran sentido que no había en la tierra nadie que pudiera compararse con él, habrían recibido con gozo el primer indicio de su venida. Pero el desagrado que manifestaron al escuchar acerca de la venida del Señor, era una prueba concluyente de que no lo amaban. Satanás y sus ángeles triunfaron y echaron en cara a Cristo y a sus santos ángeles que su profeso pueblo tenía tan poco amor por Jesús, que no deseaban su segundo advenimiento.

        Vi al pueblo de Dios, en gozosa expectativa, esperando a su Señor. Pero Dios se propuso probarlos. Su mano cubrió el error cometido en el cómputo de los períodos proféticos. Aquellos que estaban esperando a su Señor no advirtieron su equivocación, y los hombres más sabios que se oponían a la fecha, también fallaron en ver el error. Dios se propuso que su pueblo sufriera un desengaño. El tiempo transcurrió y quienes habían esperado con gozosa expectación a su Salvador se sintieron tristes y descorazonados, mientras que aquellos que no amaban la aparición de Jesús, sino que habían aceptado el mensaje por miedo, se alegraron de que él no hubiera venido cuando se lo esperaba. Su profesión de fe no había afectado sus corazones ni purificado sus vidas. El paso del tiempo había sido bien calculado para revelar los sentimientos de los tales. Esos fueron los primeros en ridiculizar a los tristes y descorazonados fieles, quienes amaban realmente la aparición de su Salvador. Vi la sabiduría de Dios al probar a su pueblo, colocándolos en una situación donde se vería quiénes se retirarían y volverían atrás en la hora de prueba.

        Jesús y toda la huesta angélica observaban con simpatía y amor a quienes en dulce expectación anhelaban ver al que amaban. Ángeles estaban rodeándolos en la hora de su prueba. Aquellos que habían rechazado el mensaje celestial fueron dejados en tinieblas, y la ira de Dios se encendió contra ellos porque no recibieron la luz que les había sido enviada desde el cielo. Pero los desalentados fieles, que no podían comprender por qué su Señor no había venido, no fueron dejados en tinieblas. Nuevamente fueron guiados hacia la Biblia para escudriñar los períodos proféticos. La mano del Señor se retiró de las cifras y pudieron comprender su error. Vieron que los períodos proféticos alcazaban hasta el 1844, y que la misma evidencia que habían presentado para demostrar que los períodos proféticos se cerraban en 1843, probaba que éstos terminaban en 1844. Luz de la Palabra de Dios iluminó su situación, y descubrieron que había un tiempo de tardanza. Aunque "la visión" tardare, espérala. En su amor por la inmediata venida de Jesús, habían pasado por alto la demora de la visión, la cual estaba calculada para que fueran descubiertos los que verdaderamente esperaban al Señor. Nuevamente señalaron un tiempo. Sin embargo, vi que muchos de ellos no podían sobreponerse a su gran desaliento, para llegar a ese grado de celo y energía que había caracterizado su fe en el 1843.

        Satanás y sus ángeles triunfaron sobre ellos, y los que no quisieron recibir el mensaje se congratularon de haber tenido el buen juicio y la sabiduría de no ceder, a lo que llamaron un engaño. No se dieron cuenta de que estaban rechazando el consejo de Dios contra sí mismos, y que estaban trabajando en unión con Satanás y sus ángeles para causar perplejidad al pueblo de Dios, que estaba viviendo el mensaje de origen celestial.

        Los creyentes en este mensaje fueron oprimidos por las iglesias. Por algún tiempo, el miedo impidió que algunos que no creían en el mensaje, actuaran de acuerdo a los sentimientos de su corazón, pero al transcurrir el tiempo revelaron sus verdaderos sentimientos. Deseaban silenciar el testimonio que los creyentes se veían impulsados a dar, de que los períodos proféticos se extendían hasta 1844. Con perfecta claridad los creyentes explicaron su error, y expusieron las razones por las cuales esperaban a su Señor en 1844. Los oponentes no pudieron presentar ningún argumento en contra de las poderosas razones expuestas. Sin embargo, la ira de las iglesias se encendió en contra de ellos. Estaban determinados a no prestar atención a ninguna evidencia y a no permitir que el testimonio fuera escuchado en ninguna de sus congregaciones. Quienes no se atrevieron a privar a otros de la luz que Dios les había dado, fueron expulsados de las iglesias; pero Jesús estaba con ellos, y se regocijaban a la luz de su faz. Estaban preparados para recibir el mensaje del segundo ángel.

Favor hacer referencia a: Daniel 8:14; Habacuc 2:1-4; Malaquias capítulo 3-4; Mateo 24:36; Apocalipsis 14:6-7.

Vuelva al Índice



Capítulo 24

El Mensaje del Segundo Ángel

        Las iglesias no recibieron la luz del mensaje del primer ángel, y al rechazar la luz enviada desde el cielo, perdieron el favor de Dios. Confiaron en su propia fortaleza, y al oponerse al primer mensaje se colocaron en una situación donde no pudieron ver la luz del mensaje del segundo ángel. Pero los elegidos de Dios, quienes estaban oprimidos, respondieron al mensaje de: Ha caído Babilonia y abandonaron las iglesias caídas.

        Cerca del cierre del mensaje del segundo ángel, me fue mostrada una potente luz que venía del cielo y que resplandecía sobre el pueblo de Dios. Los rayos de esta luz parecían tan brillantes como el sol. Y oí las voces de ángeles exclamando: ¡He aquí que viene el Esposo, salid a recibirle!

        El clamor de media noche fue dado para impartir poder al mensaje del segundo ángel. Desde el cielo fueron enviados ángeles para despertar a los desanimados santos, y prepararlos para la gran obra que estaba ante ellos. Los hombres más talentosos no fueron los primeros en recibir el mensaje. Ángeles fueron enviados a los humildes y devotos a fin de constreñirlos a exclamar: He aquí el Esposo viene, salid a recibirle. Aquellos a quienes se les confió el mensaje se apresuraron, y llenos del poder del Espíritu Santo salieron a proclamarlo y a despertar a sus desanimados hermanos. Este clamor no estaba fundado en la sabiduría y la sapiencia de los hombres, sino en el poder de Dios; y los santos que escucharon el mensaje no pudieron resistirlo. Los primeros en recibir este mensaje fueron los más espirituales, y los que habían dirigido la obra al principio fueron los últimos en recibirlo y en ayudar a que resonara con mayor potencia el clamor: ¡Aquí viene el Esposo, salid a recibirle!

        En todas partes del país, fue proyectada luz sobre el mensaje del segundo ángel y el clamor impresionó a miles de personas. Fue difundido de ciudad en ciudad, y de villa en villa, hasta que el pueblo de Dios, que estaba a la espera, fue completamente despertado. Muchos no permitieron que este mensaje penetrara en las iglesias, y una gran compañía que tenía el viviente testimonio abandonó las iglesias caídas. Una obra poderosa fue realizada por el clamor de media noche. El mensaje escudriñaba los corazones e impulsó a los creyentes a buscar por sí mismos una experiencia viviente. Se dieron cuenta de que no podían apoyarse unos en otros.

        Los santos esperaban ansiosamente la venida de su Señor con ayunos, vigilias y períodos constantes de oración. Aun algunos pecadores esperaban la hora con terror, mientras que la gran mayoría parecía manifestar un espíritu satánico en contra de ese mensaje. Se mofaban y escarnecían, y en todas partes repetían: ¡Del día y la hora nadie sabe! Ángeles malignos se regocijaban a su alrededor, impulsándolos a endurecer sus corazones y a rechazar todo rayo de luz que viniera del cielo, para asegurarlos en la red de Satanás. Muchos que profesaban estar esperando la venida del Señor no tenían ninguna participación en el mensaje. Al haber sido testigos de la gloria de Dios, de la humildad y la profunda devoción de los que esperaban y el peso abrumador de la evidencia, se sintieron movidos a declarar que aceptaban la verdad, pero no estaban convertidos. No estaban listos. Los santos sentían por doquiera un espíritu de solemne y ferviente oración. Una santa solemnidad descansaba sobre ellos. Ángeles llenos del más profundo interés vigilaban el resultado del mensaje, y elevaban a quienes lo recibían, apartándolos de las cosas terrenales para que pudieran abastecerse ampliamente de la fuente de salvación. Dios aceptaba entonces a su pueblo. Jesús los contemplaba complacido, pues su imagen se reflejaba en ellos. Habían hecho un sacrificio completo, una entera consagración y esperaban ser cambiados al estado inmortal. Pero un nuevo y triste desengaño les aguardaba. Pasó el tiempo durante el cual esperaban la liberación. Todavía estaban en la tierra, y nunca les habían parecido más visibles los efectos de la maldición. Habían puesto sus afectos en el cielo y con una dulce anticipación habían saboreado la inmortal liberación, pero sus esperanzas no se realizaron.

        El temor que muchos habían experimentado no se desvaneció de inmediato. No se atrevieron a proclamar su triunfo sobre los que habían sido chasqueados. Pero como la ira de Dios no se manifestó en forma visible sobre ellos, se recobraron del temor que habían sentido y comenzaron de nuevo con sus mofas y burlas. El pueblo de Dios fue probado nuevamente. El mundo se burlaba de ellos y los cubría de vituperios. Y aquellos que habían creído sin ninguna duda que Jesús vendría entonces a resucitar a los muertos, a transformar a los santos vivientes, a tomar el reino y a poseerlo para siempre, se sintieron como los discípulos ante el sepulcro de Cristo: Se han llevado a mi Señor, y no se dónde le han puesto.

Favor hacer referencia a: Mateo 24:36, 25:6; Juan 20:13; Apocalipsis 14:8.

Vuelva al Índice



Capítulo 25

El Movimiento Adventista Ilustrado

        Vi un numero de compañias que parecían estar atadas por lazos. Muchos en estas compañias estaban en oscuridad total. Sus ojos fueron dirigidos hacia abajo a la tierra, y no parecía haber ninguna conexión entre ellos y Jesús. Si individuos esparcidos a las distintas compañias cuyos rostros parecían estar encendidos, y cuyos ojos estaban alzados hacia el cielo. Rayos de luz de Jesús, como rayos del sol, les fueron impartidos. Un ángel me pidió que mirase cuidadosamente, y vi a un ángel vigilando a cada uno de los que tenían un rayo de luz, mientras que ángeles malignos rodeaban a los que estaban en las tinieblas. Oí la voz de un ángel clamar, Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio es venida.

        Sobre estas compañias se veía una luz gloriosa para iluminar a todos los que la recibían. Algunos de los que estaban en tinieblas recibieron la luz y se regocijaron, mientras que otros resistieron la luz del cielo y dijeron que era un engaño para descarriarlos. La luz paso y los dejo en tinieblas. Los que habían recibido la luz de Jesús atesoraron jubilosos el aumento de luz preciosa que les fue derramado. Sus rostros se iluminaron y resplandecieron con gozo santo, mientras que su mirada se dirigió hacia arriba fijándose en Jesús con intenso interés y se oyeron sus voces en armonía con la voz del ángel: Temed a Dios y dadle honra, porque la hora de su juicio a llegado. A medida que elevaron ese clamor, vi a aquellos que estaban en tinieblas empujándolos de lado con el hombro. Entonces, muchos de los que atesoraban la sagrada luz, rompieron los lazos que los ataban, y se colocaron aparte de esos grupos. Y a medida que muchos rompían las ligaduras que los ataban, hombres que pertenecían a esas diferentes compañías, las cuales eran reverenciadás por ellos, recorrieron esos grupos, y con miradas airadas y gestos amenazantes, ataron las cuerdas que se estaban debilitando, y decían constantemente: Dios está con nosotros; estamos en la luz. Tenemos la verdad. Pregunté quiénes eran esos hombres. Se me dijo que eran ministros y dirigentes quienes habían rechazado la luz y no estaban dispuestos a que otros la recibieran. Vi a aquellos que atesoraban la luz mirando con interés y con un deseo ferviente hacia arriba, esperando que Jesús viniera y los llevara con él. Pronto una nube pasó sobre los que se regocijaban en la luz, y sus rostros se veían entristecidos. Pregunté la causa de esa nube. Se me mostró que ésta era su chasco. El tiempo cuando esperaban a su Salvador había pasado, y Jesús no había venido. El desánimo se apoderó de ellos, y aquellos hombres que había notado anteriormente, los ministros y hombres importantes, se alegraron. Los que habían rechazado la luz triunfaron grandemente, mientras que Satanás y sus malos ángeles también se regocijaron a su alrededor.

        Entonces escuché la voz de otro ángel diciendo: ¡Caída es, caída es Babilonia! Una luz brilló sobre los desanimados y con un gran anhelo por su venida fijaron nuevamente sus ojos en Jesús. Entonces vi un número de ángeles hablando con el segundo ángel que había clamado Caída es, caída es Babilonia, y esos ángeles elevaron sus voces con el segundo ángel y clamaron: ¡He aquí viene el Esposo! ¡Salid a recibirle! Las voces melodiosas de esos ángeles parecían penetrar por todas partes. Una luz extraordinariamente brillante y gloriosa relucía alrededor de aquellos que habían atesorado la luz que les había sido impartida. Sus rostros resplandecían con una gloria excelente y se reunieron con los ángeles en el clamor: ¡He aquí viene el Esposo! Y a medida que elevaron el clamor armoniosamente entre esos diversos grupos, los que rechazaron la luz los empujaron, y con miradas airadas, los ridiculizaron y se burlaron de ellos. Pero los ángeles de Dios aletearon sobre las personas que estaban siendo perseguidas, mientras Satanás y sus ángeles trataban de imponer sus tinieblas a su alrededor, para llevarlos a rechazar la luz del cielo.

        Entonces, escuché una voz decir a los que habían sido empujados y burlados: Salid de en medio de ellos, y no toquéis lo inmundo. Un gran número rompió las cuerdas que los ataban, obedecieron la voz, abandonaron a los que estaban en tinieblas y se unieron con aquellos que anteriormente habían roto las cuerdas, y gozosamente, unieron sus voces a ellos. Escuché la voz de la oración ferviente y agonizante proveniente de unos pocos que todavía estaban con las compañías que estaban en tinieblas. Los ministros y dirigentes estaban caminando alrededor de esos diversos grupos, asegurando las cuerdas; pero todavía escuchaba esa voz de ferviente oración. Entonces vi a los que habían estado orando extender sus manos en busca de ayuda hacia ese grupo unido que estaba libre y que se regocijaba en Dios. La respuesta para ellos, mientras miraban hacia el cielo fervientemente y señalaban hacia arriba, fue: Salid de en medio de ellos, y apartaos. Vi a personas luchando por obtener libertad, y al fin rompieron las cuerdas que los ataban. Resistieron los esfuerzos que se hicieron para sujetar las cuerdas más fuertemente, y no quisieron prestar atención a las repetidas afirmaciones: Dios está con nosotros, tenemos la verdad en nuestro medio. Personas siguieron abandonando los grupos que estaban en tinieblas y se unieron a la compañía que estaba libre, quienes parecían estar en un campo abierto elevado por encima de la tierra. Su mirada se dirigía hacia arriba, y la gloria de Dios descansaba sobre ellos y exclamaban las alabanzas de Dios. Estaban unidos y parecían estar envueltos en la luz del cielo. Alrededor de ese grupo había algunos que cayeron bajo la influencia de la luz pero que no estaban particularmente unidos a la compañía. Todos los que atesoraban la luz derramada sobre ellos estaban mirando hacia arriba con intenso interés. Jesús los contempló con dulce aprobación. Esperaban que Jesús viniera. Anhelaban su aparición. No lanzaban ni una larga mirada hacia la tierra. Nuevamente, vi una nube descansar sobre los que esperaban. Los vi volver sus cansados ojos hacia abajo. Pregunté la causa de ese cambio. Mi ángel acompañante dijo: Otra vez sus esperanzas han sufrido un chasco. Jesús todavía no puede ir a la tierra. Todavía deben sufrir por Jesús y soportar mayores pruebas. Deben renunciar a sus errores y a las tradiciones recibidas de los hombres, y volverse completamente a Dios y a su palabra. Deben ser purificados, blanqueados y probados; y los que soporten esa amarga prueba obtendrán una victoria eterna.

        Jesús no vino a la tierra como lo esperaba la expectante y gozosa compañía, para limpiar el santuario al purificar a la tierra con fuego. Vi que estaban en lo correcto en su cálculo de los períodos proféticos. El tiempo profético se acabó en 1844. Su error consistió en no comprender lo que era el santuario y la naturaleza de su purificación. Jesús sí entró en el lugar santísimo para purificar el santuario al final de los días. Volví a contemplar a la compañía que esperaba y que estaba chasqueada. Se veían tristes. Cuidadosamente examinaron las evidencias de su fe, e investigaron más a fondo el cálculo de los períodos proféticos, y no pudieron descubrir ningún error. El tiempo se cumplió, pero, ¿dónde estaba su Salvador? Lo habían perdido.

        Entonces, se me mostró el chasco de los discípulos cuando fueron al sepulcro y no encontraron el cuerpo de Jesús. María dijo: Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Ángeles le dijeron a los entristecidos discípulos que su Señor había resucitado, e iría delante de ellos a Galilea.

        Vi que Jesús contemplaba a los que estaban chasqueados con la más profunda compasión, envió a sus ángeles a dirigir sus mentes para que pudieran encontrarlo, y seguirlo donde él estaba; para que comprendieran que la tierra no es el santuario; que él tenía que entrar en el lugar santísimo celestial para purificarlo; para hacer una expiación especial por Israel y para recibir el reino de mano de su Padre, y entonces regresar a la tierra y llevarlos para que vivieran con él para siempre. El chasco de los discípulos representa bien el chasco de los que esperaban a su Señor en el 1844. Fui transportada al tiempo cuando Cristo entró en Jerusalem triunfalmente. Los jubilosos discípulos creían que él tomaría el reino en ese entonces, y reinaría como un príncipe temporal. Siguieron a su Rey con grandes esperanzas. Cortaron las hermosas ramas de palma y tomaron sus mantos exteriores y con un celo entusiástico los pusieron en el camino; algunos fueron delante y otros los seguían, clamando: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! La conmoción turbó a los fariseos, y desearon que Jesús reprendiera a sus discípulos. Pero él dijo: Si estos callaran, las piedras clamarían. La profecía de Zacarías 9:9 debía cumplirse, sin embargo, vi que los discípulos estaban destinados para un amargo chasco. En unos cuantos días, siguieron a Jesús al Calvario, y lo contemplaron sangrante y lacerado sobre la cruenta cruz. Fueron testigos de su muerte llena de agonía, y lo pusieron en la tumba. Sus corazones estaban sobrecogidos de pesar. Sus esperanzas no se materializaron ni en un solo detalle. Éstas murieron con Jesús. Pero cuando él resucitó de los muertos, y apareció ante sus apesadumbrados discípulos, sus esperanzas revivieron. Habían perdido a su Salvador, pero nuevamente lo habían encontrado.

        Vi que el chasco de aquellos que creían en la venida del Señor en el 1844, no se comparaba con el chasco de los discípulos. La profecía se cumplió en los mensajes del primer y segundo ángeles. Éstos fueron dados en el tiempo correcto y realizaron la obra que Dios tenía el propósito que hicieran.

Favor hacer referencia a: Daniel 8:14; Mateo 21:4-16, 25:6; Marcos 16:6-7; Lucas 19:35-40; Juan 14:1-3, 20:13; 2Corintios 6:17; Apocalipsis 10:8-11, 14:7-8.

Vuelva al Índice



Capítulo 26

Otra Ilustración

        Se me mostró el interés que todo el cielo ha tomado en la obra que ha estado realizándose sobre la tierra. Jesús comisionó a un fuerte y poderoso ángel para que descendiera y le advirtiera a los habitantes de la tierra que se prepararan para su segunda aparición. Vi al poderoso ángel irse de la presencia de Jesús en el cielo. Ante él iba una luz extraordinariamente brillante y gloriosa. Se me dijo que su misión era iluminar la tierra con su gloria, y amonestar al hombre acerca de la inminente ira de Dios. Multitudes recibieron la luz. Algunos parecían muy solemnes, mientras que otros estaban alegres y deleitados. La luz fue derramada sobre todos, pero algunos solamente cayeron bajo la influencia de la luz, y no la recibieron sinceramente. Pero todos los que la recibieron, volvieron sus rostros hacia arriba, hacia el cielo, y glorificaron a Dios. Muchos estaban llenos de una gran ira. Los ministros y el pueblo se unieron a los malvados, y resistieron firmemente en contra de la luz derramada por el poderoso ángel. Pero todos los que la recibieron se apartaron del mundo y se unieron.

        Satanás y sus ángeles estaban muy ocupados, tratando de alejar de la luz las mentes de todos los que podían impresionar. El grupo que la rechazó fue dejado en tinieblas. Vi al ángel mirando con el más profundo interés al profeso pueblo de Dios, para registrar el carácter que desarrollaban mientras el mensaje de origen divino les era introducido. Y a medida que muchos que profesaban amor por Jesús se apartaron del mensaje celestial con desprecio, sarcasmo y odio, un ángel con un pergamino en su mano, registró el vergonzoso reporte. Todo el cielo estaba lleno de indignación, porque Jesús había sido insultado por sus profesos seguidores.

        Vi el chasco de aquellos que confiaban. No vieron a su Señor en el tiempo esperado. Era el propósito de Dios ocultar el futuro, y llevar a su pueblo a un punto de decisión. Sin ese punto relacionado con el tiempo, la obra que Dios se proponía llevar a cabo no hubiera podido realizarse. Satanás estaba guiando las mentes de muchos a remontarse muy adelante en el futuro. Un período de tiempo proclamado para la aparición de Cristo debía llevar la mente a buscar fervientemente una preparación en la actualidad. A medida que pasaba el tiempo, los que no habían recibido la luz del ángel completamente, se unieron con los que habían despreciado el mensaje celestial, y se volvieron en contra de los que habían sufrido el chasco, ridiculizándolos. Vi a los ángeles en el cielo consultando con Jesús. Habían notado la situación de los profesos seguidores de Cristo. El paso del tiempo definido los había probado, y muchos fueron pesados en la balanza y hallados faltos. Todos ellos profesaban estruendosamente ser cristianos, sin embargo, fracasaron en seguir a Cristo en casi todo detalle. Satanás se regocijó acerca del estado de los profesos seguidores de Cristo. Los tenía en su trampa. Había llevado a la mayoría de ellos a abandonar la senda recta, y estaban tratando de subir al cielo por otra parte. Los ángeles vieron a los puros, los limpios y los santos mezclados con los pecadores en Sión, y con el hipócrita que ama el mundo. Habían velado sobre los que verdaderamente amaban a Jesús; pero los que estaba corrompidos estaban afectando a los que estaban santificados.

        A aquellos cuyos corazones ardían con el anhelo e intenso deseo de ver a Jesús, les fue prohibido por sus profesos hermanos que hablaran acerca de su venida. Los ángeles contemplaban toda la escena, y simpatizaban con el remanente, que amaba la venida de Jesús. Otro poderoso ángel fue comisionado para descender a la tierra. Jesús colocó en su mano un escrito y mientras él descendía hacia la tierra, clamó: ¡Ha caído Babilonia! ¡Ha caído! Entonces vi que los que estaban chasqueados se alegraban nuevamente y elevaban sus ojos al cielo, buscando con fe y esperanza la venida de su Señor. Pero parecía que muchos permanecían en un estado de estupor, como si estuvieran dormidos; sin embargo, podía ver el rastro de un profundo pesar sobre sus rostros. Los que habían sido chasqueados vieron en la Biblia que estaban en el tiempo de espera, y que debían esperar pacientemente el cumplimiento de la visión. La misma evidencia que los guió a esperar a su Señor en el 1843, los llevó a esperarlo en el 1844; vi que la mayoría de ellos no poseía ese entusiasmo que caracterizó su fe en el 1843. Su chasco había menoscabado su fe. Pero a medida que los que habían sido chasqueados se unieron en el clamor del segundo ángel, la hueste celestial los contempló con el más profundo interés, y notaron el efecto del mensaje. Vieron a los que llevaban el nombre de cristianos volverse con burla y desprecio en contra de aquellos que habían sido chasqueados. A medida que las palabras salían de los labios del burlador: ¡No habéis subido todavía! Un ángel las escribió. El ángel dijo: Se burlan de Dios.

        Se me señaló la traslación de Elías. Su manto calló sobre Eliseo, y niños impíos (o gente joven) lo siguieron, burlándose, clamando: ¡Calvo sube! ¡Calvo sube! Se burlaron de Dios, y enfrentaron su castigo allí. Lo habían aprendido de sus padres. Y los que se han mofado y burlado de la idea de que los santos asciendan, serán visitados con las plagas de Dios, y se darán cuenta de que no es algo sin importancia jugar con él.

        Jesús comisionó otros ángeles para que volaran rápidamente a revivir y fortalecer la debilitada fe de su pueblo, y a prepararlo para comprender el mensaje del segundo ángel, y el importante cambio que pronto había de ser llevado a cabo en el cielo. Vi a los ángeles recibir gran poder y luz de parte de Jesús, y volar rápidamente a la tierra para cumplir con su comisión de ayudar al segundo ángel en su obra. Una poderosa luz brilló sobre el pueblo de Dios a medida que los ángeles clamaban: He aquí, el esposo viene; salid a recibirle. Entonces, vi a los que habían sido chasqueados levantarse, y proclamar en armonía con el segundo ángel: He aquí, el esposo viene; salid a recibirle. La luz proveniente de los ángeles penetró las tinieblas por todas partes. Satanás y sus ángeles trataron de obstaculizar el avance de esa luz e impedir que tuviera el efecto deseado. Contendieron con los ángeles de Dios, y les dijeron que Dios había engañado al pueblo, y que con toda su luz y su poder, ellos no podrían hacer que la gente creyera que Jesús venía. Los ángeles de Dios continuaron su obra, aunque Satanás se esforzó por obstruir el camino y alejar la mente de la gente de la luz. Los que la recibieron se veían muy felices. Fijaron sus ojos en el cielo y anhelaron la venida de Jesús. Algunos estaban en gran angustia, llorando y orando. Sus ojos parecían estar fijos en sí mismos, y no se atrevían a mirar hacia arriba.

        Una luz preciosa que provenía del cielo desvaneció las tinieblas alejándola de ellos, y sus ojos, que habían estado fijos con angustia en sí mismos, fueron atraídos hacia arriba, mientras que sobre cada rasgo de sus rostros se expresaban gratitud y gozo santo. Jesús y toda la hueste angelical miraban con aprobación a los fieles que esperaban.

        Los que rechazaron la luz del mensaje del primer ángel y se opusieron a ella, perdieron la luz del segundo, y no pudieron beneficiarse del poder y la gloria que acompañaban al mensaje: He aquí el esposo viene. Jesús se apartó de ellos con desagrado. Lo habían menospreciado y rechazado. Los que recibieron el mensaje fueron envueltos en una nube de gloria. Esperaron, velaron y oraron para conocer la voluntad de Dios. Temían grandemente el ofenderlo. Vi a Satanás y a sus ángeles tratando de bloquear esa luz divina para que no llegara al pueblo de Dios; pero mientras los que esperaban atesoraran la luz y mantuvieran sus ojos apartados de la tierra y puestos en Jesús, Satanás no tendría ningún poder para privarlos de esa preciosa luz. El mensaje del cielo que fue proclamado enfureció a Satanás y a sus ángeles, y a los que profesaban amar a Jesús, pero despreciaban su venida y desdeñaban y mofaban a los fieles que confiaban. Pero un ángel registró cada insulto, cada ofensa, cada abuso que ellos recibieron de parte de sus profesos hermanos. Muchos elevaron sus voces para clamar: He aquí el Esposo viene, y abandonaron a sus hermanos que no amaban el retorno de Jesús, y quienes no les permitían espaciarse en su segunda venida. Vi a Jesús apartar su rostro de aquellos que rechazaban y despreciaban su venida, y entonces, ordenó a sus ángeles que guiaran a su pueblo a salir de entre los inmundos, para que no se contaminaran. Los que obedecieron el mensaje salieron y estuvieron libres y unidos. Una luz santa y excelente brilló sobre ellos. Renunciaron al mundo, arrancaron sus afectos de éste, y sacrificaron sus intereses terrenales. Renunciaron a su tesoro mundanal; y su mirada ansiosa fue dirigida hacia el cielo, esperando ver a su amado Libertador. Un gozo sagrado y santo brillaba sobre sus rostros y revelaba la paz y el gozo que reinaban en el interior. Jesús ordenó a sus ángeles que fueran y los fortalecieran, porque la hora de la prueba se acercaba. Vi que los que esperaban todavía no habían sido probados como debían serlo. No estaban libres de errores. Y vi la misericordia y la bondad de Dios al enviar una amonestación a la gente de la tierra, y mensajes consecutivos a fin de llevarlos hasta un punto de tiempo, para conducirlos a un escudriñamiento diligente de sí mismos, de manera que pudieran liberarse de errores que habían sido transmitidos de los paganos y de los papistas. A través de esos mensajes, Dios había estado sacando a su pueblo hacia donde pudiera obrar en su favor con mayor poder, y donde pudieran guardar todos sus mandamientos.

Favor hacer referencia a: 2Reyes 2:11-25; Daniel 8:14; Habacuc 2:1-4; Mateo 25:6; Apocalipsis 14:8, 18:1-5.

Vuelva al Índice



Capítulo 27

El Santuario

        Se me mostró el terrible chasco del pueblo de Dios. No vieron a Jesús al tiempo esperado. No sabían por qué su Salvador no había venido. No podían comprender por qué el tiempo profético no había terminado. El ángel dijo: ¿Ha fallado la Palabra de Dios? ¿Ha fracasado Dios en cumplir sus promesas? No; él ha cumplido todo lo que prometió. Jesús se ha levantado, ha cerrado la puerta del lugar santo del santuario celestial, ha abierto una puerta al lugar santísimo y ha entrado para purificar el santuario. El ángel dijo: Todos los que esperen pacientemente comprenderán el misterio. El hombre se ha equivocado, pero no ha habido ningún fallo de parte de Dios. Todo lo que Dios prometió fue realizado, pero el hombre mira hacia la tierra erradamente, creyendo que ésta era el santuario que iba a ser purificado al final de los períodos proféticos. Las esperanzas del hombre han fracasado; pero la promesa de Dios definitivamente no ha fallado. Jesús envió a sus ángeles a dirigir a los que estaban chasqueados, a conducir sus mentes hacia el lugar santísimo a donde él entró a purificar el santuario y para efectuar una expiación especial por Israel. Jesús le dijo a los ángeles que todos los que lo habían encontrado comprenderían la obra que él había de realizar. Vi que mientras Jesús estuviera en el lugar santísimo, se casaría con la Nueva Jerusalén, y después de que su obra fuera terminada en el lugar santísimo descendería a la tierra en poder regio y tomaría a sí mismo a las almas preciosas que habían esperado pacientemente su regreso.

        Entonces se me mostró lo que tomó lugar en el cielo al tiempo en que terminaron los períodos proféticos en el 1844. Vi que cuando el ministerio de Jesús en el lugar santo terminó y él cerró la puerta de ese apartamento, una gran oscuridad descendió sobre aquellos que habían escuchado y rechazado el mensaje de la venida de Cristo, y le perdieron de vista. Entonces, Jesús se vistió de vestimentas preciosas. Alrededor del ruedo de su túnica había una campana y una granada, una campana y una granada. Suspendido de sus hombros tenía un racional de primorosa obra. Y a media que se movía, éste brillaba como diamantes, resaltando letras que parecían nombres escritos o grabados sobre el racional. Después de que él estuvo completamente vestido, con algo sobre su cabeza que parecía una corona, ángeles lo rodearon, y en un carro flameante, entró tras el segundo velo. Entonces, se me ordenó que notara los dos apartamentos del santuario celestial. La cortina o puerta, fue abierta, y se me permitió entrar. En el primer apartamento vi un candelabro con siete lámparas, el cual se veía magnífico y glorioso; también la mesa en la que estaba el pan de la proposición, y el altar del incienso y el incensario. Todo el mobiliario de ese apartamento parecía ser del oro más fino, y reflejaba la imagen de la persona que entraba en ese lugar. La cortina que separaba esos dos apartamentos se veía bellísima. Era de diferentes colores y materiales, con un hermoso borde con figuras de oro bordadas en ella, representando ángeles. El velo fue levantado, y miré dentro del segundo apartamento. Allí vi un arca que tenía la apariencia del oro más puro. Como un borde alrededor de la parte superior del arca, había un hermoso adorno que representaba coronas. Eran de oro fino. En el arca estaban las tablas de piedra que contenían los diez mandamientos. A cada extremo del arca había un hermoso querubín con sus alas extendidas sobre ésta. Las alas de ellos estaban levantadas en alto, y se tocaban la una a la otra por encima de la cabeza de Jesús, mientras él estaba en pie ante el arca. Sus rostros estaban vueltos el uno hacia el otro, y ellos miraban hacia abajo al arca, representando a toda la hueste angelical, mirando con interés hacia la ley de Dios. Entre los querubines había un incensario de oro. Y a medida que las oraciones de los santos ascendían a Jesús en fe, y que él las ofrecía a su Padre, una dulce fragancia subía del incienso. Parecía humo de los colores más hermosos. Encima del lugar donde Jesús estaba, ante el arca, vi una gloria extraordinariamente brillante la que no podía contemplar. Se asemejaba al trono donde moraba Dios. Mientras el incienso ascendía hacia el Padre, la gloria excelente se derramó desde el trono del Padre hacia Jesús, y de Jesús, se vertía sobre aquellos cuyas oraciones habían ascendido como dulce incienso. Luz y gloria se derramaron sobre Jesús en rica abundancia, y cubrieron el propiciatorio, y la estela de gloria llenó el templo. No pude mirar la gloria por mucho tiempo. Ningún lenguaje puede describirla. Me sentí abrumada y me aparté de la majestad y gloria de la escena.

        Se me mostró un santuario sobre la tierra conteniendo dos apartamentos. Se asemejaba al que estaba en el cielo. Se me dijo que era el santuario terrenal, una figura del celestial. El mobiliario del primer apartamento del santuario terrenal era como el del primer apartamento del celestial. El velo fue levantado, miré dentro del lugar santísimo, y vi que los muebles eran iguales a los del lugar santísimo del santuario celestial. Los sacerdotes ministraban en ambos apartamentos del terrenal. En el primer apartamento, él ministraba cada día en el año, y entraba en el lugar santísimo sólo una vez en el año, para purificarlo de los pecados que habían sido llevados allí. Vi que Jesús ministró en ambos apartamentos del santuario celestial ofreciendo su propia sangre. Los sacerdotes terrenales eran removidos por la muerte, por lo tanto, no podían seguir por mucho tiempo, pero vi que Jesús era un sacerdote para siempre. A través de los sacrificios y ofrendas llevadas al santuario terrenal, los hijos de Israel habían de aferrarse a los méritos de un Salvador que había de venir. Y en la sabiduría de Dios, los detalles de esa obra nos fueron dados para que pudiéramos mirar hacia atrás a ellos y comprender la obra de Jesús en el lugar santísimo.

        En la crucifixión, mientras Jesús moría en el Calvario, clamó: Consumado es, y el velo del templo se rasgó en dos, desde arriba hasta abajo. Eso ocurrió para mostrar que los servicios del santuario terrenal habían terminado para siempre, y que Dios ya no se reuniría con ellos en su templo terrenal para aceptar sus sacrificios. Entonces se derramó la sangre de Jesús, la cual había de ser ministrada por él mismo en el santuario celestial. Como los sacerdotes en el santuario terrenal entraban en el lugar santísimo una vez al año para purificarlo, Jesús entró en el santísimo del santuario celestial al final de los 2300 días de Daniel 8, en el 1844, para hacer una expiación final por todos los que podían beneficiarse de su mediación y para purificar el santuario.

Favor hacer referencia a: Exodo capítulo 25-28; Levitico capítulo 16; 2Reyes 2:11; Daniel 8:14; Mateo 27:50-51; Hebreos capítulo 9; Apocalipsis capítulo 21.

Vuelva al Índice



Capítulo 28

El Mensaje del Tercer Ángel

        Cuando el ministerio de Jesús terminó en el lugar santo, y él entró en el santísimo, y se paró ante el arca conteniendo la ley de Dios, envió otro poderoso ángel a la tierra con el tercer mensaje. Colocó un pergamino en la mano del ángel, y a medida que éste descendía hacia la tierra en majestad y poder, proclamó una impresionante advertencia, la amenaza más terrible que jamás se haya dado al hombre. El propósito de ese mensaje era poner en guardia a los hijos de Dios, y mostrarles la hora de tentación y angustia que se hallaba ante ellos. El ángel dijo: Serán llevados a tener un combate acérrimo con la bestia y su imagen. Su única esperanza de vida eterna se encuentra en permanecer fieles. Aunque sus vidas estén en juego, aún deben seguir siendo leales a la verdad. El tercer ángel termina su mensaje con estas palabras: Aquí está la paciencia de los santos; aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús. A medida que repetía esas palabras, señalaba hacia el santuario celestial. Las mentes de todos los que acepten ese mensaje serán dirigidas hacia el lugar santísimo donde Jesús está ante el arca, haciendo su intercesión final en favor de todos los que han quebrantado la ley de Dios en ignorancia. Esta expiación es efectuada por los justos muertos tanto como en beneficio de los justos vivos. Jesús hace una expiación por los que han muerto no habiendo recibido la luz acerca de los mandamientos de Dios, quienes pecaron ignorantemente.

        Después de que Jesús abrió la puerta del lugar santísimo, la luz del sábado fue descubierta y el pueblo de Dios había de ser puesto a prueba y examinado, como Dios probó a los hijos de Israel en la antigüedad, para ver si guardarían su ley. Vi al tercer ángel señalando hacia arriba, mostrándole a los que habían sido chasqueados el camino hacia el lugar santísimo. Ellos siguieron a Jesús por la fe en el lugar santísimo; nuevamente habían encontrado a Jesús, y el gozo y la esperanza brotaron otra vez. Los vi mirando hacia atrás, recordando el pasado, desde la proclamación del segundo advenimiento de Jesús y el periodo de su viaje hasta llegar al cierre del tiempo en el 1844. Vieron la explicación de su chasco y nuevamente los animaron el gozo y la seguridad. El tercer ángel había iluminado el pasado, el presente y el futuro, y sabían que Dios ciertamente los había guiado mediante su misteriosa providencia.

        Se me mostró que el remanente siguió a Jesús al lugar santísimo, y contempló el arca y el propiciatorio, y fueron cautivados por su gloria. Jesús levantó la cubierta del arca, y he aquí las tablas de piedra con los diez mandamientos escritos en ellas. Ellos investigaron los oráculos vivientes, pero retrocedieron con temor cuando vieron el cuarto mandamiento viviendo entre los diez preceptos sagrados, mientras que una luz más abrillante brillaba sobre él que sobre los otros nueve y un nimbo de gloria lo rodeaba. No encontraron allí, nada que les informara que el sábado había sido abolido o cambiado al primer día de la semana. Este se lee como cuando fue enunciado por la boca de Dios en solemne y terrible majestad sobre el monte, mientras los relámpagos fulguraban y el trueno retumbaba, y cuando fue escrito con su propio y santo dedo en las tablas de piedra: Seis días trabajarás y harás toda tu obra; más el séptimo día es el sábado del Señor tu Dios. Se asombraron al contemplar el cuidado que se había tomado de los díez mandamientos. Los vieron colocados cerca de Jehová, cubiertos y protegidos por su santidad. Vieron que habían estado pisoteando el cuarto mandamiento del Decálogo y que habían observado un día transmitido por los paganos y los papistas, en vez del día santificado por Jehová. Se humillaron ante Dios, y se lamentaron por su pasadas transgresiones.

        Vi el incienso humear en el incensario, mientras Jesús ofrecía sus confesiones y oraciones a su Padre. Y a medida que ascendían, una brillante luz descansaba sobre Jesús y sobre el propiciatorio; y los fieles que oraban, quienes estaban turbados porque habían descubierto que eran transgresores de la ley de Dios, fueron bendecidos, y sus rostros se iluminaron con esperanza y gozo. Se unieron a la obra del tercer ángel, y elevaron sus voces y proclamaron la solemne advertencia. Al principio, sólo unos pocos recibieron el mensaje, sin embargo, ellos continuaron proclamando la advertencia con vigor; Entonces vi a muchos aceptar el mensaje del tercer ángel, y unir sus voces a las de los que habían proclamado anteriormente la amonestación, y exaltaron a Dios y lo magnificaron al observar su día de descanso santificado.

        Muchos que aceptaron el mensaje del tercer ángel no tenían una experiencia en los dos mensajes anteriores. Satanás lo entendió y su ojo maligno se fijó en ellos para vencerlos, pero el tercer ángel los estaba dirigiendo hacia el lugar santísimo, y los que tenían una experiencia en los mensajes pasados, les estaban señalando el camino hacia el santuario celestial. Muchos vieron la perfecta cadena de verdad en los mensajes de los ángeles, y la recibieron gozosamente. Los aceptaron en su orden y siguieron a Jesús por la fe en el lugar santísimo. Esos mensajes me fueron representados como un ancla para mantener firme al cuerpo de creyentes. Y a medida que las personas los recibían y comprendían, eran protegidas en contra de los muchos engaños de Satanás.

        Después del gran chasco en el 1844, Satanás y sus ángeles estaban ocupados en poner trampas para trastornar la fe del grupo. Estaban afectando las mentes de individuos que tenían una experiencia personal en esas cosas. Tenían una apariencia de humildad. Cambiaron el primer y el segundo mensaje, y señalaron hacia el futuro para su cumplimiento, mientras que otros señalaban hacia el pasado, declarando que habían sido cumplidos entonces. Esos individuos estaban apartando las mentes de los inexpertos y perturbando su fe. Algunos estaban escudriñando la Biblia para tratar de fortalecer una fe propia, independiente del cuerpo de creyentes; Satanás se regocijó acerca de todo eso, porque sabía que podía afectar a los que se apartaran del ancla, mediante diferentes errores, y los podía desviar con vientos de doctrina. Muchos que habían sido líderes en el primer y segundo mensajes, los negaron, y a través del grupo de creyentes se produjo división y separación. Entonces, vi a Guillermo Miller. Se veía perplejo y estaba oprimido por el pesar y la angustia por su gente. Vio el grupo que había estado unido y que había sido amoroso en el 1844, perdiendo su amor y oponiéndose el uno al otro. Los vio caer en un estado de frialdad y apostasía. El pesar agotó sus fuerzas. Vi a dirigentes observando a Guillermo Miller y temiendo que él aceptara el mensaje del tercer ángel y los mandamientos de Dios. Y cuando él se inclinaba hacia la luz del cielo, esos hombres hacían un plan para apartar su mente de ésta. Vi una influencia humana ejercida para mantener su mente en las tinieblas, y para retener su influencia entre ellos. Al final, Guillermo Miller levantó su voz en contra de la luz del cielo. Él fracasó al no recibir el mensaje que hubiera explicado completamente su chasco, y arrojado una luz y gloria sobre el pasado, lo cual hubiera revivido sus energías agotadas, animado su esperanza, y lo hubiera guiado a glorificar a Dios. Pero él se apoyó en la sabiduría humana en vez de en la divina, y habiéndose desgastado con ardua labor en la causa de su Maestro y debilitado por la edad, él no era responsable como lo eran aquellos que lo apartaron de la verdad. Ellos son responsables, y el pecado reposa sobre ellos. Si Guillermo Miller hubiera podido ver la verdad del tercer mensaje muchas cosas que le parecían oscuras y misteriosas hubieran sido explicadas. Sus hermanos profesaban un amor e interés tan profundos por él que pensó que no se podía apartar de ellos. Su corazón se inclinaba hacia la verdad, pero entonces buscaba a sus hermanos. Ellos se oponían a ésta. ¿Podía separarse de aquellos que habían estado a su lado, hombro a hombro con él proclamando la venida de Jesús? Pensó que ciertamente ellos no lo desviarían.

        Dios permitió que él pasara bajo el poder de Satanás, y que la muerte tuviera dominio sobre él. Lo escondió en la tumba, lejos de aquellos que constantemente estaban alejándolo de Dios. Moisés erró justamente cuando estaba a punto de entrar en la tierra prometida. De igual manera, Guillermo Miller erró cuando estaba por entrar en la Canaán celestial, al permitir que su influencia fuera ejercida en contra de la verdad. Otros lo llevaron a hacer eso. Otros deberán dar cuanta de ello. Pero ángeles vigilan el precioso polvo de ese siervo de Dios, y él se levantará al sonido de la trompeta final.

Favor hacer referencia a: Exodo 20:1-17, 31:18; 1Tesalonicenses 4:16; Apocalipsis 14:9-12.

Vuelva al Índice



Capítulo 29

Una Plataforma Firme

        Vi una compañía que estaba bien protegida y firme, y que no prestaba atención a los que trastornarían la establecida fe del grupo. Dios los contemplaba con aprobación. Se me mostraron tres escalones-uno, dos y tres-los mensajes del primer ángel, del segundo y del tercero. El ángel dijo: Ay de aquel que mueva un bloque o sacuda un ápice de esos mensajes. La verdadera comprensión de esos mensajes es de vital importancia. El destino de las almas depende de la manera en la que son recibidos. Nuevamente, se me mostraron esos mensajes y vi a cuán alto costo el pueblo de Dios había comprado su experiencia. Ésta había sido obtenida a través de mucho sufrimiento y severo conflicto. Paso a paso Dios los había guiado hasta que los había colocado sobre una plataforma sólida e inmutable. Entonces observé a individuos a medida que se acercaban a la plataforma, examinar el fundamento antes de subir a ella. Algunos subieron a ella inmediata y gozosamente. Otros comenzaron a encontrarle faltas a la forma en que el fundamento de la plataforma fue construido. Deseaban que se hicieran mejoras, de manera que la plataforma fuera más perfecta, y la gente fuera más feliz. Algunos se bajaron de la plataforma y la examinaron, entonces, le encontraron defectos, declarando que ésta había sido mal construida. Vi que casi todos permanecieron firmes sobre la plataforma, y exhortaron a otros que se habían bajado a dejar sus quejas, porque Dios era el Artífice Maestro y ellos estaban luchando contra él. Relataban la maravillosa obra de Dios, la cual los había guiado hacia la firme plataforma, y unidos, casi todos elevaron sus ojos al cielo, y glorificaron a Dios a gran voz. Eso afectó a algunos de los que se habían quejado y habían abandonado la plataforma y éstos volvieron a subir a ella con gesto humilde.

        Se me recordó la proclamación del primer advenimiento de Cristo. Juan fue enviado en el espíritu y poder de Elías a preparar el camino para la llegada de Jesús. Los que rechazaron el testimonio de Juan no fueron beneficiados por las enseñanzas de Jesús. Su oposición a la proclamación de su primer advenimiento los colocó donde ellos no estaban dispuestos a recibir la evidencia más poderosa de que él era el Mesías. Satanás impulsó a los que rechazaron el mensaje de Juan para que fueran más lejos, a fin de que rechazaran a Jesús y lo crucificaran. Al hacer eso, se colocaron donde no podían recibir la bendición en el día de Pentecostés, la cual les hubiera enseñado el camino al santuario celestial; El desgarramiento del velo del templo mostró que los sacrificios y los ritos judíos ya no serían aceptos. El gran sacrificio había sido ofrecido, y había sido aceptado, y el Espíritu Santo, que descendió en el día de Pentecostés, guió la atención de los discípulos del santuario terrenal al celestial, donde Jesús había entrado por su propia sangre, y derramó sobre sus discípulos los beneficios de su expiación. Los judíos fueron dejados en un engaño total y en tinieblas completas. Perdieron toda la luz que hubieran podido tener acerca del plan de salvación, y todavía confiaban en sus sacrificios y ofrendas inútiles. No podían ser beneficiados por la mediación de Cristo en el lugar santo. El santuario celestial había tomado el lugar del terrenal, sin embargo, ellos no tenían ningún conocimiento del camino al (santuario) celestial.

        Muchos miran con horror el curso de acción que los judíos siguieron hacia Jesús al rechazar y crucificarlo. Y al leer la historia del vergonzoso abuso que recibió, creen que aman a Cristo y no lo hubieran negado como Pedro, ni lo habrían crucificado como los judíos. Pero Dios, que ha presenciado su profesa simpatía por su Hijo, los ha examinado, y ha puesto a prueba ese amor que profesan sentir por Jesús.

        Todo el cielo miró con el más profundo interés para ver cómo era recibido el mensaje. Pero muchos que profesaban amar a Jesús y que lloraban al leer la historia de la cruz, en vez de recibir el mensaje con alegría, se llenaron de ira y se burlaron de las buenas nuevas de la venida de Jesús, y declararon que eran un engaño. No estaban dispuestos a reunirse con los que amaban su venida sino que los odiaban y los echaron de las iglesias. Los que rechazaron el primer mensaje no podían beneficiarse del segundo y no recibieron provecho alguno del clamor de medianoche, el cual había de prepararlos para entrar con Jesús por fe en el lugar santísimo del santuario celestial. Y al rechazar los dos mensajes anteriores, no pudieron ver ninguna luz en el mensaje del tercer ángel, el cual muestra el camino al lugar santísimo. Vi que las iglesias nominales crucificaron esos mensajes tal como los judíos crucificaron a Jesús, y por lo tanto, no tenían ningún conocimiento del cambio hecho en el celo o del camino hacia el lugar santísimo y no podían beneficiarse de la intercesión de Jesús allí. Como los judíos, quienes ofrecieron sus sacrificios inútiles, ellos ofrecen sus oraciones vanas al apartamento que Jesús abandonó, y Satanás, complacido con el engaño en que han caído los profesos seguidores de Cristo, los sujeta en su lazo y asumiendo un carácter religioso, guía la atención de esos profesos cristianos hacia sí mismo, y efectúa con su poder sus señales y prodigios mentirosos. Engaña a algunos de una manera y a otros, de otra. Tiene diferentes hechizos preparados para afectar a diferentes mentalidades. Algunos consideran un engaño con horror, mientras que reciben otro con facilidad. Satanás engaña a algunos con el espiritismo. También viene como un ángel de luz, y difunde su influencia sobre la tierra. Vi falsas reformas por todas partes. Las iglesias se regocijaban y consideraban que Dios obraba maravillosamente en su favor cuando se trataba de otro espíritu. Éste se desvanecerá, dejando al mundo y a la iglesia en una condición peor que antes.

        Vi que Dios tenía hijos sinceros entre los adventistas nominales y entre las iglesias caídas, que los ministros y la gente serán llamados a salir de esas iglesias antes de que las plagas sean derramadas, y que ellos aceptarán alegremente la verdad. Satanás sabe eso, y antes del fuerte pregón del tercer ángel, él despertará una excitación en medio de esos cuerpos religiosos, para que los que habrán rechazado la verdad crean que Dios está con ellos. Él espera engañar a los sinceros y llevarlos a creer que Dios todavía está obrando en beneficio de las iglesias. Pero la luz brillará, y cada una de las almas sinceras abandonará las iglesias caídas, y tomará su lugar con el remanente.

Favor hacer referencia a: Mateo capítulo 3; Hecho capítulo 2; 2Corintios 11:14; 2Tesalonicenses 2:9-12; Apocalipsis 14:6-12.

Vaya al 30. El Espiritismo
Tapa de la paginación
Vuelva al Índice
Bajar
Vuelva al www.earlysda.com