La Gran Controversia
Entre
Cristo y sus Ángeles,
Y
Satanás y sus Ángeles
__________________
Por Elena G. de White

Battle Creek, Michigan
Publicado Por James White
1858

Traducir
1998

Índice

La Gran Controversia (Spanish Great Controversy) 1. La Caída de Satanás 2. La Caída del Hombre 3. El Plan de Salvación 4. El Primer Advenimiento de Cristo
5. El Ministerio de Cristo 6. La Transfiguración 7. La Traición de Cristo 8. El Juicio de Cristo 9. La Crucifixión de Cristo
10. La Resurrección de Cristo 11. La Ascensión de Cristo 12. Los Discípulos de Cristo 13. La Muerte de Esteban 14. La Conversión de Saulo
15. Los Judíos Deciden Matar a Pablo 16. Pablo Visita Jerusalén 17. La Gran Apostasía 18. El Misterio de la Iniquidad 19. La Muerte No es un Tormento Eterno
20. La Reforma 21. La Unión del Mundo y de la Iglesia 22. Guillermo Miller 23. El Mensaje del Primer Ángel 24. El Mensaje del Segundo Ángel
25. El Movimiento Adventista Ilustrado 26. Otra Ilustración 27. El Santuario 28. El Mensaje del Tercer Ángel 29. Una Plataforma Firme
30. El Espiritismo 31. La Avaricia 32. El Zarandeo 33. Los Pecados de Babilonia 34. El Fuerte Pregón
35. El Cierre del Tercer Mensaje 36. El Tiempo de Angustia de Jacob 37. La Liberación de los Santos 38. La Recompensa de los Santos 39. La Tierra Desolada
40. La Segunda Resurrección 41. La Segunda Muerte  Bajar Gratis! 316KB  Free Download! 316KB  Vuelva al www.earlysda.com


Titulo Original: The Great Controversy, Between Christ And His Angels, And Satan and His Angels

Traducir 1998. Ayudar, pregunta, consejo, Email Daniel Winters at: earlysda@hotmail.com
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La Gran Controversia

Capítulo 1

La Caída de Satanás

        El Señor me ha mostrado que Satanás fue una vez un ángel honrado en el cielo, que seguía en orden a JesuCristo. Su semblante era apacible, expresivo y lleno de felicidad como el de los demás ángeles. Su frente alta y espaciosa indicaba su poderosa inteligencia. Su forma era perfecta, su porte noble y majestuoso. Pero vi que cuando Dios le dijo a su Hijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen, Satanás sintió celos de Jesús. Deseó que se le consultara con respecto a la creación del hombre. Estaba lleno de envidia, de celos y de odio. Deseó ocupar la posición más exaltada en el cielo, estar cerca de Dios, y recibir los más altos honores. Hasta entonces, todo el cielo era orden, armonía y perfecta sujeción al gobierno de Dios.

        Rebelarse en contra del orden y de la voluntad de Dios era el pecado más grande. Todo el cielo parecía estar en conmoción. Los ángeles estaban agrupados en compañías, teniendo a su cabeza un ángel superior que los comandaba. Todos los ángeles estaban agitados. Satanás estaba haciendo insinuaciones en contra del gobierno de Dios, sintiendo la ambición de exaltarse a si mismo, y renuente a someterse a la autoridad de Jesús. Algunos de los ángeles simpatizaban con Satanás en su rebelión, y otros contendían esforzadamente por el honor y la sabiduría de Dios al dar autoridad a su Hijo. Y hubo contienda entre los ángeles. Satanás y los ángeles que simpatizaban con él, quienes estaban luchando por reformar el gobierno de Dios, desearon penetrar en su inescrutable sabiduría para indagar sus propósitos en exaltar a Jesús, y dotarlo con tan ilimitado poder y dominio. Se rebelaron contra la autoridad del Hijo de Dios, y todos los ángeles fueron llamados a comparecer ante el Padre, para decidir cada caso. Se determinó que Satanás fuese expulsado del cielo con todos los ángeles que se le habían unido en la rebelión. Entonces hubo guerra en el cielo. Los ángeles se empeñaron en la batalla; Satanás deseaba vencer al Hijo de Dios, y a aquellos que eran sumisos a su voluntad. Pero los ángeles buenos y verdaderos prevalecieron, y Satanás, con sus seguidores fueron echados del cielo.

        Después de que Satanás fue arrojado del cielo, con aquellos que cayeron con él, él se dio cuenta de que había perdido toda la pureza y la gloria del cielo para siempre. Entonces, se arrepintieron y desearon ser restaurados de nuevo en el cielo. Él estaba deseoso de tomar su propio lugar, o cualquier otro lugar que le fuera asignado. Pero no, el cielo no podía ser colocado en peligro. Todo el cielo sería estropeado si lo volvieran a recibir; porque el pecado se originó con él y las semillas de la rebelión estaban en él. Satanás había conseguido seguidores, aquellos que simpatizaron con él en su rebelión. Él y sus seguidores se arrepintieron, lloraron e imploraron que los aceptaran de nuevo en el favor de Dios. Pero no, su pecado, su odio, su envidia y sus celos habían sido tan grandes que Dios no los podía borrar. Éstos debían permanecer para recibir su castigo final.

        Cuando Satanás llegó a estar completamente consciente de que no había ninguna posibilidad de ser reintegrado nuevamente al favor de Dios, entonces, su malicia y su odio comenzaron a manifestarse. Consultó con sus ángeles, y un plan fue puesto en efecto para trabajar todavia en contra del gobierno de Dios. Cuando Adán y Eva fueron colocados en el hermoso huerto, Satanás estaba haciendo planes para destruirlos. Una consulta fue efectuada con sus ángeles malos. No había manera de que esa feliz pareja pudiera ser privada de su felicidad si obedecía a Dios. Satanás no podía ejercer su poder sobre ellos a menos que primero desobedecieran a Dios, y perdieran su favor. Ellos tenian que idear algún plan para conducirlos a la desobediencia a fin de que incurrieran en el desagrado de Dios y fueran colocados bajo una influencia más directa de parte de Satanás y sus ángeles. Se decidió que Satanás debia asumir otra forma, y manifestar interés por el hombre. Él debía hacer insinuaciones en contra de las verdades de Dios, crear duda acerca de sí Dios quiso decir lo que dijo, y entonces, estimular su curiosidad, y guiarlos a tratar de inmiscuirse en los inescrutables planes de Dios, algo de lo cual Satanás había sido culpable, y conducirlos a razonar acerca de la causa de sus restricciones en relación con el árbol del conocimiento.

Favor hacer referencia a: Isaías 14:12-20; Ezequiel 28:1-19; Apocalipsis 12:7-9.

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Capítulo 2

La Caída del Hombre

        Vi que a menudo los santos ángeles visitaban el huerto, y que daban instrucción a Adán y a Eva relativa a su trabajo, y también les enseñaban acerca de la rebelión de Satanás y de su caída. Los ángeles les advirtieron con respecto a Satanás, y les aconsejaron que no se separaran el uno del otro en su trabajo, porque podrían ser puestos en contacto con el enemigo caído. Los ángeles les encargaron que siguieran muy cuidadosamente las instrucciones que Dios les había dado, porque sólo en perfecta obediencia podían estar seguros. Y si eran obedientes, ese enemigo caído no podía tener poder sobre ellos.

        Satanás comenzó su obra con Eva para inducirla a desobedecer. Ella obró mal, primero al alejarse de su esposo, luego, al demorarse alrededor del árbol prohibido, y después, al escuchar la voz del tentador, y aun hasta atreverse a dudar lo que Dios había dicho: "porque el día que de el comieres, ciertamente morirás". Ella pensó: 'quizás no quiere decir lo que el Señor dijo'. Se aventuró a desobedecer. Extendió su mano, tomó de la fruta, y comió. Era agradable a la vista, y agradable al paladar. Ella se sintió celosa de que Dios les hubiera prohibido lo que era realmente para su bien. Le ofreció la fruta a su esposo, así tentándolo. Le relató a Adán todo lo que la serpiente había dicho, y expresó su asombro de que tuviera el poder del habla.

        Vi que una tristeza cubría el rostro de Adán. Parecía tener miedo y asombro. Una lucha parecía estar tomando lugar en su mente. Se sentía seguro de que se trataba del enemigo contra el cual habían sido advertidos, y de que su esposa debía morir. Iban a ser separados. Su amor por Eva era fuerte. Y con una actitud de desánimo, resolvió compartir su destino. Cogió la fruta, y rápidamente la comió. Entonces, Satanás se alegró. Se había rebelado en el cielo, y tenía simpatizantes que lo amaban, y lo seguían en su rebelión. Cayó e hizo a otros caer con él. Y ahora, había tentado a la mujer a desconfiar de Dios, para que pusiera en duda su sabiduría, y procurara penetrar en sus planes omniscientes. Satanás sabía que la mujer no iba a caer sola. Adán, en razón a su amor por Eva, desobedeció el mandato de Dios, y cayó con ella.

        La noticia de la caída del hombre de diseminó por todo el cielo. Toda arpa enmudeció. Los ángeles depusieron con tristeza sus coronas. Todo el cielo estaba en agitación. Tomó lugar un consejo para decidir qué se debía hacer con la pareja culpable. Los ángeles temían que extendieran su mano y comieran del árbol de la vida, y se convirtieran en pecadores inmortales. Pero Dios dijo que él sacaría a los transgresores del huerto. Ángeles fueron comisionados para guardar el camino al árbol de la vida. Había sido el plan estudiado de Satanás que Adán y Eva desobedecieran a Dios, recibieran su desaprobación y entonces conducirlos a participar del árbol de la vida, para que pudieran vivir para siempre en el pecado y la desobediencia, y así, el pecado se inmortalizara. Pero los santos ángeles fueron enviados a sacarlos del huerto, mientras otra compañía de ángeles fueron encargados inmediatamente de custodiar el acceso al árbol de la vida. Cada uno de esos poderosos ángeles parecía tener algo en su mano derecha, con la apariencia de una espada resplandeciente.

        Entonces Satanás triunfó. Había hecho sufrir a otros por su caída. Había sido expulsado del cielo y ellos, fuera del paraíso.

Favor hacer referencia a: Génesis capítulo 3.

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Capítulo 3

El Plan de Salvación

        El cielo se llenó de pesar cuando se dieron cuenta de que el hombre estaba perdido, y de que el mundo creado por Dios se llenaría de mortales condenados a la miseria, la enfermedad y la muerte, y no había vía de escape para el ofensor. Toda la familia de Adán debía morir. Contemplé al amante Jesús, y vi una expresión de simpatía y dolor en su rostro. Pronto lo vi acercarse a la deslumbrante luz que envolvía al Padre. Dijo mi ángel acompañante: Está en íntima comunión con su Padre. La ansiedad de los ángeles parecía ser muy intensa mientras Jesús estaba en comunión con su Padre. Tres veces lo encerró el glorioso resplandor que rodea al Padre y la tercera vez, cuando él salió, su persona se pudo ver. Su rostro estaba calmado, libre de perplejidad y duda, y resplandecía con bondad y con una amabilidad que las palabras no pueden describir. Entonces informó a la hueste angélica que se había encontrado una vía de escape para el hombre perdido. Les dijo que había intercedido con su Padre y que había ofrecido su vida en rescate, para que la sentencia de muerte cayera sobre él, de modo que por los méritos de su sangre, y como resultado de su obediencia a la ley de Dios, ellos pudieran tener el favor divino, volver al hermoso huerto y comer del fruto del árbol de la vida.

        Al principio, los ángeles no pudieron regocijarse, porque su Comandante no les ocultó nada, sino que abrió ante ellos explícitamente el plan de salvación. Jesús les dijo que él se ubicaría entre la ira de su Padre y el hombre culpable, que llevaría sobre sí la iniquidad y el escarnio, que pocos lo recibirían como el Hijo de Dios. Casi todos lo aborrecerían y rechazarían. Dejaría toda su gloria en el cielo apareciendo sobre la tierra como hombre, se identificaría, mediante su propia experiencia, con las diversas tentaciones con las que un hombre es asediado, para saber cómo socorrer a aquellos que fueran tentados; y que finalmente, después de cumplir su misión como maestro, él sería entregado en las manos de los hombres y soportaría toda la crueldad y el sufrimiento que Satanás y sus ángeles pudieran inspirar a los impíos a infligir; que debía morir la más cruel de las muertes, colgado entre el cielo y la tierra como un pecador culpable; que sufriría terribles horas de angustia, que ni los mismos ángeles podrían mirar, pues ocultarían sus rostros para no verla. No sería sólo agonía corporal, sino que sufriría una agonía mental con la cual no se podía comparar ningún sufrimiento físico. El peso de los pecados de toda la humanidad caería sobre él. Les dijo que moriría y resucitaría de nuevo el tercer día, y que ascendería a su Padre para interceder por el hombre culpable y extraviado.

        Los ángeles se postraron ante él. Ofrecieron sus vidas. Jesús les dijo que por su muerte él salvaría a muchos, que la vida de un ángel no podía pagar la deuda. Sólo su vida podía ser aceptada por su Padre como recompensa en favor del hombre.

        Jesús también les dijo que ellos tendrían que desempeñar una parte, y en diferentes ocasiones lo fortalecerían; que él tomaría la naturaleza caída del hombre y su fortaleza no se igualaría con la de ellos; que serían testigos de su humillación, de sus grandes sufrimientos. Y que cuando contemplaran sus padecimientos y el odio de los hombres hacia él, se sentirían sacudidos por las más profundas emociones, queriendo por amor a él, rescatarlo y librarlo de sus asesinos; pero que no debían interferir ni evitar nada de lo que contemplaran, pues tendrían una parte que desempeñar en ocasión de su resurrección; que el plan de salvación había sido ideado y su Padre lo había aceptado.

        Con santa tristeza, Jesús consoló y animó a los ángeles y les informó que después de esas cosas, los que él redimiera estarían y vivirían con él para siempre; y que por su muerte rescataría a muchos, y destruiría al que tenía el poder de la muerte. Y su Padre le daría el reino y la grandeza del dominio debajo de todos los cielos, y él los poseería para siempre jamás. Satanás y los pecadores sería destruidos y no perturbarían nunca más el cielo ni la nueva tierra purificada. Jesús encareció a la hueste angélica que aceptara el plan que su Padre había aprobado, y se regocijara en el hecho de que por medio de su muerte el hombre caído podría de nuevo ser exaltado para obtener el favor de Dios y gozar del cielo.

        Entonces el cielo se llenó de un gozo inefable. Y la hueste angélica entonó un himno de alabanza y adoración. Pulsaron sus arpas y entonaron una nota más alta que antes, por la gran misericordia y condescendencia de Dios al entregar a su muy Amado para que muriera por una raza de rebeldes. Tributaron alabanza y adoración por la abnegación y el sacrificio de Jesús; por el hecho de que él consintiera en dejar el seno de su Padre, y escogiera una vida de sufrimiento y angustia, y muriera una muerte ignominiosa con el fin de dar vida a otros.

        Dijo el ángel: ¿Creéis que el Padre entregó a su amado Hijo sin lucha alguna? No, no. El mismo Dios del cielo tuvo que luchar para decidir si dejaba perecer al hombre culpable o entregaba a su Amado Hijo para que muriera por él, los ángeles estaban tan interesados en la salvación del hombre que se podía encontrar entre ellos quien hubiese estado dispuesto a abandonar la gloria y dar su vida por el hombre perdido. Pero, dijo mi ángel acompañante: De nada valdría. La transgresión era tan grande que un ángel no podría pagar la deuda. Nada sino la muerte, y la intercesión de su Hijo pagaría la deuda, y salvaría al hombre perdido del pesar y la miseria sin esperanzas. Pero a los ángeles se les asignó una obra, la de ascender y descender con el bálsamo fortalecedor procedente de la gloria, para suavizar los sufrimientos del Hijo de Dios y servirle.

        También tendrían la tarea de guardar y proteger de los ángeles impíos, a los herederos de la gracia, y escudarlos de las tinieblas que Satanás constantemente arrojaría contra ellos. Vi que era imposible para Dios alterar o cambiar su ley para salvar al hombre perdido, por eso, él permitió que su amado Hijo muriera por la transgresión del hombre.

        Satanás se regocijó de nuevo con sus ángeles de que pudiera derribar al Hijo de Dios de su exaltada posición al provocar la caída del hombre. Le dijo a sus ángeles que cuando Jesús tomara la naturaleza del hombre caído, podría dominarlo y estorbaría el cumplimiento del plan de salvación.

        Se me mostró entonces cómo fue Satanás una vez, un ángel feliz y exaltado. Después lo vi como es ahora. Todavía su aspecto sigue siendo principesco. Sus facciones aún son nobles, porque es un ángel caído. Pero la expresión de su rostro está llena de ansiedad, preocupación, infelicidad, malicia, odio, de deseos de causar daño, de engaño, y de toda clase de mal. Observé particularmente esa frente que fue tan noble. A partir de sus ojos comienza a retroceder. Vi que por tanto tiempo se ha inclinado al mal, que toda buena cualidad se ha rebajado, y todo rasgo maligno se ha desarrollado. Sus ojos son astutos, irónicos y muestran profunda penetración. Su cuerpo es grande, pero la piel cuelga flácida de sus manos y de su cara. Al contemplarlo su barbilla descansaba sobre su mano izquierda. Parecía estar en profunda meditación. Una sonrisa se dibujaba en su rostro, que me hizo temblar, estaba tan llena de maldad y astucia satánica. Esta es una de las sonrisas que él esboza justo antes de apoderarse de su víctima, y cuando la entrampa en sus redes, esa sonrisa se vuelve cada vez más horrible.

Favor hacer referencia a: Isaías capítulo 53.

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Capítulo 4

El Primer Advenimiento de Cristo

        Fuí llevada a la época cuando Jesús iba a tomar sobre si la naturaleza humana, a humillarse como hombre, y a sufrir las tentaciones de Satanás.

        Su nacimiento no tuvo grandeza mundanal. Nació en un establo y su cuna fue un pesebre; no obstante, su nacimiento fue honrado más que el de cualquiera de los hijos de los hombres. Ángeles del cielo informaron a los pastores acerca del advenimiento de Jesús, y la luz y la gloria de Dios acompañaron su testimonio. Las huestes celestiales tocaron sus arpas y glorificaron a Dios. Triunfalmente, anunciaron el advenimiento del Hijo de Dios a un mundo caído para llevar a cabo la obra de la redención, y por su muerte, traer paz, felicidad, y vida eterna al hombre. Dios honró el advenimiento de su Hijo. Los ángeles lo adoraron.

        Los ángeles de Dios acudieron al lugar de su bautismo, y el Espíritu Santo descendió en forma de paloma, reposando sobre él y mientras la gente permanecía asombrada, con los ojos fijos sobre él, se oyó la voz del Padre, procedente del cielo, que decía: Tu eres mi Hijo amado, en ti me complazco.

        Juan no estaba seguro de que fuera el Salvador el que había venido a ser bautizado por él en el Jordán. Pero Dios había prometido darle una señal por la cual él supiera reconocer al Cordero de Dios. Esa señal fue dada cuando la paloma celestial reposó sobre Jesús y la gloria de Dios resplandeció a su alrededor. Juan alzó la mano y señalando al Señor clamó con fuerte voz: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo".

        Juan informó a sus discípulos que Jesús era el Mesías prometido, el Salvador del mundo. Cuando su obra estaba por terminar, les enseñó a dirigir su mirada hacia él y a seguirlo como el gran Maestro. La vida de Juan estuvo llena de pesar y abnegación. Él anunció el primer advenimiento de Cristo, pero no se le permitió ser testigo de sus milagros y disfrutar del poder que manifestaba. Cuando Jesús comenzó a presentarse como Maestro, Juan se dio cuenta de que él debía morir. Rara vez se oía su voz, salvo en el desierto. Su vida fue solitaria. No se aferró a la familia de su padre para disfrutar de su compañía, sino que los dejó para cumplir su misión. Multitudes abandonaban las atareadas ciudades y aldeas y se reunían en el desierto para oír las palabras de ese maravilloso profeta. Juan aplicó la segur a la raíz del árbol. Reprobó el pecado, sin tomar en cuenta las consecuencias, y preparó el camino para el Cordero de Dios.

        Herodes se sintió impresionado al escuchar los poderosos y directos testimonios de Juan. Con profundo interés preguntó qué debía hacer para ser su discípulo. Juan estaba al tanto del hecho de que él quería casarse con la mujer de su hermano, mientras éste todavía vivía, y fielmente le dijo que eso no era correcto. Herodes no estaba dispuesto a hacer ningún sacrificio. Se casó con la mujer de su hermano y por la influencia de ésta prendió a Juan y lo puso en la cárcel. Pero Herodes tenía la intención de soltarlo más adelante. Mientras estaba confinado, Juan se enteró por medio de sus discípulos de las poderosas obras de Jesús. No podía escuchar sus palabras llenas de gracia, pero los discípulos le informaron y lo consolaron con lo que habían oído. Pronto Juan fue decapitado a través de la influencia de la esposa de Herodes. Vi que los más humildes discípulos que siguieron a Jesús, fueron testigos de sus milagros y escucharon las consoladoras palabras que brotaron de sus labios, eran mayores que Juan el Bautista, es decir, fueron más exaltados y honrados y recibieron la mayor satisfacción de sus vidas.

        Juan vino con el espíritu y el poder de Elias para proclamar el primer advenimiento de Jesús. Se me señalaron los últimos días, y vi que Juan representa a los que saldrán con el espíritu y el poder de Elias para anunciar el día de la ira y la segunda venida de Jesús.

        Después del bautismo de Jesús en el Jordán, él fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. El Espíritu Santo lo preparó para la experiencia especial de esas fieras tentaciones. Cuarenta días fue tentado por Satanás y no comió nada. Todo lo que había a su alrededor era desagradable, de lo cual la naturaleza humana siempre tiene la tendencia a querer alejarse. Estaba rodeado de bestias feroces y por el diablo, en un lugar desolado y solitario. El Hijo de Dios estaba pálido y exhausto por causa del ayuno y del sufrimiento. Pero su camino estaba trazado, y debía cumplir la tarea que había venido a cumplir.

        Satanás se aprovechó de los sufrimientos del Hijo de Dios y se preparó para asediarlo con diversas tentaciones, con la esperanza de vencerlo ya que se había humillado y se había hecho hombre. El enemigo apareció con esta tentación: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Tentó a Jesús a que condescendiera en darle prueba de que era el Mesías, ejerciendo su poder divino. Jesús le contestó con mansedumbre; Escrito está: no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.

        Satanás trató de disputar con Jesús con respecto a su condición de Hijo de Dios. Hizo alusión a su condición débil y sufriente, y aseveró con jactancia que era más fuerte que Cristo. Pero las palabras procedentes del cielo: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco, eran suficientes para sostener a Jesús a través de todos sus sufrimientos. Vi que en toda su misión, Cristo no tenía que convencer a Satanás de su poder y del hecho de que él era el Salvador del mundo. Satanás tenía suficiente evidencia de su exaltada posición y autoridad. Su obstinada actitud a no ceder a la autoridad de Jesús le había cerrado las puertas del cielo.

        Para manifestar su fortaleza, Satanás llevó a Jesús a Jerusalem y lo ubicó sobre uno de los pináculos del templo, y lo tentó de nuevo a que diera evidencia de que si era el Hijo de Dios se arrojara desde esa altura vertiginosa. El adversario pronunció estas palabras de la inspiración: Porque escrito está, que a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden, y en las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le respondió diciendo: Escrito está: No tentarás al Señor tu Dios. Satanás deseaba hacer que Jesús presumiera acerca de la misericordia de su Padre, y arriesgara su vida antes de cumplir su misión. Él había deseado que el plan de salvación fracasara; pero vi que éste tenía fundamentos muy profundos para que Satanás lo destruyera o malograra.

        Vi que Cristo es el ejemplo para todos los cristianos cuando son tentados o sus derechos son disputados. Deben soportar todo con paciencia. No deben creer que tienen derecho a invocar al Señor para que manifieste su poder con el fin de que ellos obtengan una victoria sobre sus enemigos, a menos que de esa manera, Dios sea directamente honrado y glorificado por ello. Vi que si Jesús se hubiera lanzado del pináculo del templo, no habría glorificado a su Padre; porque nadie hubiera sido testigo de ese acto sino solamente Satanás y los ángeles de Dios. Y habría sido tentar a Dios el manifestar su poder frente a su más acerbo enemigo. Habría significado ceder ante aquel a quien había venido a vencer.

        Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad y la gloria de ellos: porque a mí ha sido entregada, y a quien quiero se la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús le dijo: Vete de mí Satanás, porque escrito está al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás.

        Aquí Satanás le mostró a Jesús los reinos de este mundo. Fueron presentados en su aspecto más atractivo. Se los ofreció a Jesús si él lo adoraba. Le dijo a Jesús que él renunciaría a sus asertos de poseer la tierra. Satanás sabía que su poder era limitado y que finalmente le sería quitado si el plan de salvación era llevado a cabo. Sabía que si Jesús moría para redimir al hombre, su poder terminaría después de un tiempo, y él sería destruido. Por lo tanto, era su plan bien estudiado impedir, en lo posible, el cumplimiento de esa gran obra que había sido comenzada por el Hijo de Dios. Si el plan para redimir al hombre fracasara, Satanás podría conservar el reino que en aquel entonces reclamaba, y se lisonjeaba pensando que si lograba tener buen éxito, reinaría en oposición al Dios del cielo.

        Satanás se regocijó cuando Jesús puso a un lado su poder y gloria y dejó el cielo. Creyó que el Hijo de Dios quedaba entonces bajo su poder. Su tentación venció tan fácilmente a la santa pareja en el Edén, que él esperaba que con su astucia satánica y poder, derribaría aun al Hijo de Dios, y de esa manera salvaría su vida y su reino. Si podía tentar a Jesús a apartarse de la voluntad de su Padre, entonces lograría su propósito. Pero el Señor enfrentó a Satanás reprendiéndole. Sólo se inclinaría ante su Padre. La hora vendría cuando Jesús redimiría la posesión de Satanás con su propia vida, y, después de un tiempo, todos en el cielo y en la tierra se someterían a él. Satanás reclamó que los reinos de la tierra eran suyos, y le insinuó a Jesús que todos sus sufrimientos podían ser evitados. Él no tenía que morir para obtener los reinos de este mundo. Sino que podía tener todas las posesiones de la tierra, y la gloria de reinar sobre ellos para siempre, si tan sólo le adoraba a él. Jesús permaneció firme. Escogió una vida de sufrimiento, y su terrible muerte, como el camino señalado por su Padre para que pudiera llegar a ser heredero legítimo de los reinos de la tierra que le serían entregados en sus manos como posesión eterna. También Satanás le será entregado para ser destruido por la muerte, para que nunca más pueda molestar a Jesús y a los santos en gloria.

Favor hacer referencia a: Deuteronomio 6:16, 8:3; 2Reyes 17:35-36; Salmos Libro IV 91:11-12; Lucas capítulo 2-4.

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